De repente se acercó a la mesa un apostador nuevo que no conocía, nunca antes lo había visto. Hace ya un tiempo que trabajo en el casino, me cansa un poco la rutina, pero sigo adelante porque creo que este es el paso previo a la trascendencia. Algo así como una sensación metafísica, aunque yo no sepa bien qué es la metafísica, aunque mi sensación cambie todos los días.
Era un martes. Los martes viene menos gente a jugar, mucha menos. El salón se ve vacío y pareciera que el ruido de las maquinitas se potencia con el silencio de voces, murmullos y gritos de croupiers. Yo estaba en mi puesto de trabajo, parada al lado de la mesa de la ruleta, aburrida, nadie venía a apostar, entonces comencé a hacer una lista mental de las cosas pendientes, la lista de las compras de súper que sabía que no haría al otro día, porque me conozco, y sabía que al otro día me levantaría tarde, me conformaría con comer unos fideos con aceite y sin queso rallado, ¡por Dios, qué me cuesta comprar al menos un queso rallado!, y preferiría verme una peli antes que desperdiciar mis pocas horas vitales previas al trabajo encerrada en un Coto con música funcional de los '80.
En eso, apareció el apostador con ambas manos haciendo como una canastita que contenía un montón de fichas. "Tengo mucho para ganar y poco para perder", me dijo sin que yo le preguntara nada, sin que ni siquiera le hiciera una mueca. Pensé: "uf, uno al que le gusta conversar". Sonreí de compromiso y le pedí que apostara.
Ahí llegó él, el croupier, El Croupier, Él, (lo escribo así y pareciera que es como un Dios). Hacía varios días que no venía, parece que había estado enfermo. Vestía una camisa a rayas como de señor médico ya entrado en años que ha mandado a sus hijos a la universidad y ahora cada tanto juega al golf, a veces realiza tareas de jardinería, le gusta fumar habanos, y reír con Les Luthiers.
Me puse tan nerviosa que el apostador se dio cuenta y comenzó a mirar para la mesa de black jack, mientras yo me mordía el labio inferior y sentía que las orejas me hervían. Luego, se dio vuelta de pronto hacia mí y empezó a reír a carcajadas. No sé porque se reía así, pero no me dio para preguntar. Me quedé callada y le hice un gesto como de que vuelva a apostar y él puso todas las fichas sobre el 29. Tiré de la ruleta y al tiempo que giraba nos miramos fijamente a los ojos con el apostador, los dos quietos, expectantes. "Colorado el 30", grité con más fuerza que nunca, porque por dentro un poco festejaba que el apostador hubiera perdido por tan poquito. Me había caído mal, me había parecido canchero, sin ir más lejos se me había reído en la cara unos minutos antes.
Se paró. Me dijo: "Disculpame si fui grosero hace un rato". No supe que hacer, quería tirar de nuevo y que ganara, quería decirle que yo en realidad no era así pero que estaba despechada por el croupier de las camisas que no me registra, quería decirle también que ahora que lo miraba bien me gustaba su sonrisa, y que sus manos haciendo canastita me inspiraban ternura. "Todo bien", susurré como una estúpida, mientras pensaba que ya no me interesaba tanto trascender.
15 de agosto de 2009
13 de agosto de 2009
9 de agosto de 2009
Atenti
Aparece un hombre en la tele que pasea por Expoarmas 2009.
Cuenta a cámara, muy contento y orgulloso él, que "un arma es una máquina de hacer agujeros". Luego, el señor relata que hasta ha usado las armas para construir un mueble. Sí, para hacer los agujeros usa una carabina 22, "y después ponés los tornillos", agrega satisfecho.
No obstante, un rato más tarde este personaje da instrucciones para reventar a balazos a un delincuente que entra a su casa, a través de las cuales sugiere que lo ideal es llevar al intruso al "lugar más recóndito de la casa y ahí vaciarle un cargador". Pero dice que para evadir a la justicia y ser declarado inimputable, lo que hay que hacer es tomarse unos vasos de whisky y "papotearse" con una buena bolsa de merca.
¿Qué tal?
Cuenta a cámara, muy contento y orgulloso él, que "un arma es una máquina de hacer agujeros". Luego, el señor relata que hasta ha usado las armas para construir un mueble. Sí, para hacer los agujeros usa una carabina 22, "y después ponés los tornillos", agrega satisfecho.
No obstante, un rato más tarde este personaje da instrucciones para reventar a balazos a un delincuente que entra a su casa, a través de las cuales sugiere que lo ideal es llevar al intruso al "lugar más recóndito de la casa y ahí vaciarle un cargador". Pero dice que para evadir a la justicia y ser declarado inimputable, lo que hay que hacer es tomarse unos vasos de whisky y "papotearse" con una buena bolsa de merca.
¿Qué tal?
3 de agosto de 2009
2 de agosto de 2009
Perfume casino
Es un casino, yo estoy sentada enfrente del croupier que viste una camisa rosa. No me gustan las camisas rosas, pero a él le queda tan bien. Claro, me doy cuenta de que me gusta el croupier. Entonces le quito atención a la jugada, y, obvio, pierdo.
Me voy caminando hasta mi casa porque ni monedas para el colectivo me quedaron. Una vez que empecé a perder no pude parar de hacerlo. No pude bajarme a tiempo. El croupier era muy lindo.
Al otro día pienso que debería robar un banco para poder tener plata para ir a jugar al casino y enamorar al croupier. No me animo, si soy una miedosa. Me voy a caminar por el barrio esperando que se me ocurra otra idea. ¡Ya está!
A la mañana siguiente me presento de punta en blanco en el casino con CV en mano. Les miento y les cuento que trabajé en el casino de Mar del Plata, pero que me vine a Buenos Aires porque quiero ser actriz. Aunque no lo demuestran, sé que se ríen porque dije que quiero ser actriz. ¿Será porque les parezco fea o creerán que no tengo talento? Igual me toman y no me hacen hacer ninguna demostración como barajar cartas o algo así. Creo que los cautivé con mis piernas. Además de punta en blanco me fui vestida con minifalda, soy fea pero no boluda.
Empiezo esa misma noche a trabajar. Me asignan la ruleta, justo, ahora que en mi vida todo es azar. Me ubico atrás de la mesa y me doy cuenta de que no estoy nerviosa. No me importa no saber qué tengo que hacer, he tenido mayores desafíos en la vida. Pero se me hace un nudo en la panza cuando lo veo. Está en la mesa de black jack de al lado y tiene puesta una camisa a rayas como un padre de hijos en edad escolar. Me saluda de lejos sin mucho entusiasmo, como saluda a todos los demás que pasan por ahí.
Me pongo fatalista, pienso que me embarqué en una tarea imposible: conquistarlo. Debe tener novia y seguro que está perdidamente enamorado de ella. Pienso que ella debe ser una estúpida, pero linda.
Llegan los apostadores. Un grupo de tres hombres viejos con muchas fichas en sus manos, y una señora enfundada en un sacón de piel que habla a los gritos y no para de reírse. “Hagan sus apuestas”, grito. Siempre quise decir eso, me creí el personaje.
Mientras la ruleta gira, miro para el costado adonde está él. Tira las cartas y no levanta la vista.
“Colorado el 1”, grito (me gusta gritar, creo que mi personaje de croupier debe hacerlo, pero además pienso que si grito voy a llamar la atención del “black jack boy”). La señora del sacón festeja, se llevó todo. Me alegro por ella.
Pido permiso para ir a fumar un pucho afuera. Apenas prendo el cigarro aparece el croupier, con su camisa rayada, que le queda tan linda como la rosada. Me saluda con una sonrisa. Le pregunto hace cuanto que trabaja ahí y me dice que desde marzo mientras se acomoda la camisa. Nos quedamos conversando y yo espero que no se note mi cara de embobada cuando lo miro. Terminamos el pucho y volvemos al salón mientras yo me pregunto qué camisa vestirá mañana.
Me voy caminando hasta mi casa porque ni monedas para el colectivo me quedaron. Una vez que empecé a perder no pude parar de hacerlo. No pude bajarme a tiempo. El croupier era muy lindo.
Al otro día pienso que debería robar un banco para poder tener plata para ir a jugar al casino y enamorar al croupier. No me animo, si soy una miedosa. Me voy a caminar por el barrio esperando que se me ocurra otra idea. ¡Ya está!
A la mañana siguiente me presento de punta en blanco en el casino con CV en mano. Les miento y les cuento que trabajé en el casino de Mar del Plata, pero que me vine a Buenos Aires porque quiero ser actriz. Aunque no lo demuestran, sé que se ríen porque dije que quiero ser actriz. ¿Será porque les parezco fea o creerán que no tengo talento? Igual me toman y no me hacen hacer ninguna demostración como barajar cartas o algo así. Creo que los cautivé con mis piernas. Además de punta en blanco me fui vestida con minifalda, soy fea pero no boluda.
Empiezo esa misma noche a trabajar. Me asignan la ruleta, justo, ahora que en mi vida todo es azar. Me ubico atrás de la mesa y me doy cuenta de que no estoy nerviosa. No me importa no saber qué tengo que hacer, he tenido mayores desafíos en la vida. Pero se me hace un nudo en la panza cuando lo veo. Está en la mesa de black jack de al lado y tiene puesta una camisa a rayas como un padre de hijos en edad escolar. Me saluda de lejos sin mucho entusiasmo, como saluda a todos los demás que pasan por ahí.
Me pongo fatalista, pienso que me embarqué en una tarea imposible: conquistarlo. Debe tener novia y seguro que está perdidamente enamorado de ella. Pienso que ella debe ser una estúpida, pero linda.
Llegan los apostadores. Un grupo de tres hombres viejos con muchas fichas en sus manos, y una señora enfundada en un sacón de piel que habla a los gritos y no para de reírse. “Hagan sus apuestas”, grito. Siempre quise decir eso, me creí el personaje.
Mientras la ruleta gira, miro para el costado adonde está él. Tira las cartas y no levanta la vista.
“Colorado el 1”, grito (me gusta gritar, creo que mi personaje de croupier debe hacerlo, pero además pienso que si grito voy a llamar la atención del “black jack boy”). La señora del sacón festeja, se llevó todo. Me alegro por ella.
Pido permiso para ir a fumar un pucho afuera. Apenas prendo el cigarro aparece el croupier, con su camisa rayada, que le queda tan linda como la rosada. Me saluda con una sonrisa. Le pregunto hace cuanto que trabaja ahí y me dice que desde marzo mientras se acomoda la camisa. Nos quedamos conversando y yo espero que no se note mi cara de embobada cuando lo miro. Terminamos el pucho y volvemos al salón mientras yo me pregunto qué camisa vestirá mañana.
29 de julio de 2009
me parece que yo soy de la generación de las minúsculas. no sé... creo que las mayúsculas podrían ser un equivalente a gritar. a la vez pienso que la generación de mis papás son de la mayúscula, de respetarla a rajatabla.
sé que están para establecer cierto orden, y además (como aspirante a reportera y periodista medio tiempo) las sé usar correctamente.
pero en muchos textos queda todo tan lindo escrito en chiquito.
sé que están para establecer cierto orden, y además (como aspirante a reportera y periodista medio tiempo) las sé usar correctamente.
pero en muchos textos queda todo tan lindo escrito en chiquito.
28 de julio de 2009
Pequeño diálogo nocturno
Ella: A veces la vida me da miedo.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque es un riesgo constante.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque es un riesgo constante.
26 de julio de 2009
Una vez...
... salí con chico que era budista y estudiaba chino. En realidad no salí, me lo presentaron en una cita a ciegas y después otro día hablamos por teléfono y me contó que había ido a un casamiento chino y que no lo podía creer, y otro día también hablamos por teléfono y me habló de sus planes de irse a China, hasta que dejé de atender, lo dejaba sonar (al teléfono, que conste).
Y no, no funcionó. Que se le va a hacer...
Y no, no funcionó. Que se le va a hacer...
22 de julio de 2009
Muy despacito
Abrió todos los cuarteles de invierno. Se cargó los fusiles al hombro. Está preparada para la batalla.
Ahora le ha pedido a su propio servicio de inteligencia que le brinde la información necesaria para poder elaborar las estrategias en pos de la conquista de los países neutrales, y para ganarle al enemigo, que es el miedo, siempre es el miedo, claro está.
Sin prisa pero sin pausa. Así, de a pequeños sorbos hay que beber la vida, así es como debe saborearse el triunfo. De a poco, como dice el Sr. Miyagi.
Le gustaría ser como tantos que lee o que escucha, quienes no tienen reparos en establecer enunciados a favor del amor, a veces mezclado con manifiestos políticos. Que pueden elaborar teorías de la vida misma mezclada con literatura eufórica e imágenes ricas en contenidos y descripciones. Por el contrario, ella vomita esto que le pasa, aquello que la atraviesa. Como ahora que se siente una niña, perceptiva, receptiva. Todo lo mira y todo lo admira. Eso sí: corre con todas las ventajas que otorga la imaginación.
Sin prisa pero sin pausa. Mientras, muele pimienta de a poquito, para agregarle un sabor más a la noche y a la vida.
Sin prisa pero sin pausa. Mientras, muele pimienta de a poquito, para agregarle un sabor más a la noche y a la vida.
21 de julio de 2009
El empleo del tiempo
Cuando abrí los ojos ya supe que era tarde. Pero fui benévola conmigo misma y me pregunté: ¿tarde para qué? Y me levanté de la cama con una sonrisa.
Café, galletitas y carcajadas. Ideamos planes supremos que no serán develados hasta dentro de un tiempo. La paciencia es la madre de la sabiduría, me dijeron ayer en medio de la trivialidad de la tarde, pero me dejó pensando y a la noche lo llevé a debate. A mí me cuesta ser paciente, pero me cuesta menos que antes. Yo lo atribuyo a la edad, todo lo atribuyo a la edad últimamente.
Hoy saqué las pelusas de la habitación, impregné sábanas de olor a lluvia, bailé con la escoba, y me pinté los labios de rojo furioso, sólo para estar en mi casa. La versión más coqueta de mí, me la guardo para la intimidad de color coral.
Hoy me tomé un ratito para pensar cuáles son mis influencias. No las encontré y me fui por las ramas.
Hoy pensé en cuántas veces a la semana se afeita un hombre. ¿Depende de la cantidad de barba? ¿De qué depende?
Hoy imaginé que él es de Libra, que sabe cocinar, y que está enamorado.
Pienso, todo el tiempo pienso. De hecho, por eso elegí La Mujer Con Cabeza. Por eso y porque cuando llegan las migrañas, muero por un ratito.
Café, galletitas y carcajadas. Ideamos planes supremos que no serán develados hasta dentro de un tiempo. La paciencia es la madre de la sabiduría, me dijeron ayer en medio de la trivialidad de la tarde, pero me dejó pensando y a la noche lo llevé a debate. A mí me cuesta ser paciente, pero me cuesta menos que antes. Yo lo atribuyo a la edad, todo lo atribuyo a la edad últimamente.
Hoy saqué las pelusas de la habitación, impregné sábanas de olor a lluvia, bailé con la escoba, y me pinté los labios de rojo furioso, sólo para estar en mi casa. La versión más coqueta de mí, me la guardo para la intimidad de color coral.
Hoy me tomé un ratito para pensar cuáles son mis influencias. No las encontré y me fui por las ramas.
Hoy pensé en cuántas veces a la semana se afeita un hombre. ¿Depende de la cantidad de barba? ¿De qué depende?
Hoy imaginé que él es de Libra, que sabe cocinar, y que está enamorado.
Pienso, todo el tiempo pienso. De hecho, por eso elegí La Mujer Con Cabeza. Por eso y porque cuando llegan las migrañas, muero por un ratito.
20 de julio de 2009
Barbas
Cuando era chica, yo pensaba que los papás que tenían barba eran más buenos. Es ingenuo pero un poco sigo pensando igual.
18 de julio de 2009
Sábado en mi cama
Estábamos todos en el living, y, cada tanto, cuando iba al baño, me preguntaba como serían tus noches de viernes. También recordé un vestido a flores, viejo, que sentí una vez que ya nunca volvería a usar. Ayer me di cuenta de que sí, de que lo volvería a lucir si un día de estos me invitaras a pasear de tu mano.
El mundo está dividido. Creo que afuera, en el vasto mundo, están las mujeres que tienen esas claves que yo no conozco, que saben de estrategias, cálculos y especulaciones que te llevan al triunfo inevitable. Yo estoy en esta vereda en la que estamos las espontáneas, las que hacemos todo mal, torpe, apresurado. A veces quisiera ser mala. Mala y soberbia.
Recién metí la medialuna en el café con leche y me reí sola acordándome de una anécdota en la que un pibe se enamoró de una mina porque hizo eso: mojar la medialuna en el café con leche. Quiero simpleza. Me tienta caminar esas tres cuadras que podrían acercarme a una verdad, pero me gana la fiaca, lo calentita que está mi casa.
Ahora me pregunto que hacés en las tardes de sábado.
Quiero cosas cursis.
También pienso que quiero un rocker. Que nos amemos con locura, pero que después parta una botella y me la ponga en el cuello porque me vio hablando con otro.
Voy a salir a caminar y seguir la luz de los faroles. Voy a dejar que me guíen, y si llego a vos que sea pura casualidad.
El mundo está dividido. Creo que afuera, en el vasto mundo, están las mujeres que tienen esas claves que yo no conozco, que saben de estrategias, cálculos y especulaciones que te llevan al triunfo inevitable. Yo estoy en esta vereda en la que estamos las espontáneas, las que hacemos todo mal, torpe, apresurado. A veces quisiera ser mala. Mala y soberbia.
Recién metí la medialuna en el café con leche y me reí sola acordándome de una anécdota en la que un pibe se enamoró de una mina porque hizo eso: mojar la medialuna en el café con leche. Quiero simpleza. Me tienta caminar esas tres cuadras que podrían acercarme a una verdad, pero me gana la fiaca, lo calentita que está mi casa.
Ahora me pregunto que hacés en las tardes de sábado.
Quiero cosas cursis.
También pienso que quiero un rocker. Que nos amemos con locura, pero que después parta una botella y me la ponga en el cuello porque me vio hablando con otro.
Voy a salir a caminar y seguir la luz de los faroles. Voy a dejar que me guíen, y si llego a vos que sea pura casualidad.
13 de julio de 2009
El finado
Estábamos todos en ronda, bailando y disfrutando de una noche improvisadamente feliz y pasó: "Beat it", del grandioso Michael Jackson, comenzó a sonar. Comenzaron los torpes intentos de bailar por parte de la mayoría, y mientras movía mis brazos y mis piernas torpemente, sin sentido alguno (por lo menos para mí), me pregunté:
¿Cómo se bailan las canciones de Michael si él se movía en esas coreografías como sólo él podía moverse?
¿Cómo se bailan sus canciones sin sentir que se está haciendo el ridículo?
¿Cómo se bailan las canciones de Michael si él se movía en esas coreografías como sólo él podía moverse?
¿Cómo se bailan sus canciones sin sentir que se está haciendo el ridículo?
7 de julio de 2009
no sé bailar
así como hubo una primera también iba a haber una segunda guerra mundial, me abruma pensar que pueda producirse la tercera. no uso mayúsculas porque me habilita a pensar en voz muy bajita, como para susurrar. esta posguerra está difícil también y yo pensé que no me iba a pasar de la misma manera.
el éxito es algo que rechazo pero a la vez me regodeo en sentirlo. me es inevitable pensar que esta vez triunfé yo. sin embargo, no dudaría un instante en festejarlo con vos. dentro de mi cabeza estoy yo vestida de fiesta, dispuesta a que me tomes de la mano, para que bailemos un vals como dos torpes. yo no sé bailar, y espero que vos tampoco.
miré a través del vidrio y en todas las esquinas estábamos nosotros. yo te regalaba mi mejor sonrisa y mi mejor abrazo. extrañarte es igual a estar vestida de clown frente a un público que venía a ver Shakespeare. extrañarte me hace sentir como una cantante desafinada que no se da cuenta de que tendría que dedicarse a otra cosa. extrañarte es como un viaje largo que parecía que iba a ser un placer y resultó una pesadilla de mareos y vómitos.
le puse sonidos a la noche. dejé que la música me dirigiera los pensamientos. me cayeron varias lágrimas y me tapé la cara. aunque camine entre desconocidos hasta delante de ellos tengo vergüenza de que sepan que lloro por vos.
el éxito es algo que rechazo pero a la vez me regodeo en sentirlo. me es inevitable pensar que esta vez triunfé yo. sin embargo, no dudaría un instante en festejarlo con vos. dentro de mi cabeza estoy yo vestida de fiesta, dispuesta a que me tomes de la mano, para que bailemos un vals como dos torpes. yo no sé bailar, y espero que vos tampoco.
miré a través del vidrio y en todas las esquinas estábamos nosotros. yo te regalaba mi mejor sonrisa y mi mejor abrazo. extrañarte es igual a estar vestida de clown frente a un público que venía a ver Shakespeare. extrañarte me hace sentir como una cantante desafinada que no se da cuenta de que tendría que dedicarse a otra cosa. extrañarte es como un viaje largo que parecía que iba a ser un placer y resultó una pesadilla de mareos y vómitos.
le puse sonidos a la noche. dejé que la música me dirigiera los pensamientos. me cayeron varias lágrimas y me tapé la cara. aunque camine entre desconocidos hasta delante de ellos tengo vergüenza de que sepan que lloro por vos.
2 de julio de 2009
Salvador
¿Por qué la exposición de Dalí que hay en el shopping Abasto se llama "Dalí para todos" cuando la entrada sale $ 35 y se compra por Ticketek?
¿Quiénes son "todos"?
¿Quiénes son "todos"?
Arranque
Junio quedó pobre de palabras, pobre de imágenes, salvo por esa foto que colgué a modo de título, y que por ahora permanece: "Pese a todo, sos todo". La vida es todo, pese a todo lo que ocurre. El amor es todo, pese a todo lo que se sufre. Esto último no sé si es una afirmación o una pregunta.
Ahora es julio, hace frío, tampoco tengo tanto para decir. Quiero escribir poesía, prosa, intento no hablar de mí, casi nunca lo logro. ¿Para qué tengo un blog? Creí que lo sabía, pero ahora ya no es claro.
Muchas buenas nuevas, mucho camino por recorrer. Nunca dejé de creer, pero siento que a veces soñaba para mí, en chiquito, en silencio, en letra minúscula. Tenía miedo a la ambición (aún le tengo cierto respeto), tenía miedo a querer demasiado y frustrarme por no concretarlo. Mis cumpleaños revivían la tortura de arribar a un año más sin nada de aquello que había dibujado a un costado de la hoja.
No, no me gané el Quini, ni me ofrecieron el protagónico de la próxima película de... (me quedó pensando en un director de cine y asumo que es mejor no elegir ninguno, ¡cobarde!). Pero es la primera vez que puedo decir que trabajo de lo que quiero, y que ser actriz se convirtió en un "viaje alucinante".
Es todo trabajo, dedicación y esfuerzo, pero hay dos decisiones que tomé en un momento (conste que no estoy segura de haberlo logrado por completo):
Ahora es julio, hace frío, tampoco tengo tanto para decir. Quiero escribir poesía, prosa, intento no hablar de mí, casi nunca lo logro. ¿Para qué tengo un blog? Creí que lo sabía, pero ahora ya no es claro.
Muchas buenas nuevas, mucho camino por recorrer. Nunca dejé de creer, pero siento que a veces soñaba para mí, en chiquito, en silencio, en letra minúscula. Tenía miedo a la ambición (aún le tengo cierto respeto), tenía miedo a querer demasiado y frustrarme por no concretarlo. Mis cumpleaños revivían la tortura de arribar a un año más sin nada de aquello que había dibujado a un costado de la hoja.
No, no me gané el Quini, ni me ofrecieron el protagónico de la próxima película de... (me quedó pensando en un director de cine y asumo que es mejor no elegir ninguno, ¡cobarde!). Pero es la primera vez que puedo decir que trabajo de lo que quiero, y que ser actriz se convirtió en un "viaje alucinante".
Es todo trabajo, dedicación y esfuerzo, pero hay dos decisiones que tomé en un momento (conste que no estoy segura de haberlo logrado por completo):
* sonreír más
* confiar en mí
¿Me quieren? Digan que sí, digan que sí!!
23 de junio de 2009
23 de junio
No quería dejar de escribir en este día.
Día de revelaciones.
El otro día empecé a escribir sobre las expectativas y abandoné a mitad de camino. Tuve la sensación de que las palabras que iban saliendo eran un gran sinsentido. Me preguntaba todo el tiempo si mientras uno espera aquello que cree que es la posta, se va perdiendo de lo verdadero que sucede a los costados, de la realidad que se aloja en lo imperceptible.
Hoy todo se hizo carne, tangible, poderoso.
La vida se deshizo en elogios hacia conmigo. Y le estoy agradecida.
Supongo que cuando pase el desborde podré ser más inventiva para ponerle nombre y colores a lo que siento. Ahora no puedo, estoy a puro festejo.
Día de revelaciones.
El otro día empecé a escribir sobre las expectativas y abandoné a mitad de camino. Tuve la sensación de que las palabras que iban saliendo eran un gran sinsentido. Me preguntaba todo el tiempo si mientras uno espera aquello que cree que es la posta, se va perdiendo de lo verdadero que sucede a los costados, de la realidad que se aloja en lo imperceptible.
Hoy todo se hizo carne, tangible, poderoso.
La vida se deshizo en elogios hacia conmigo. Y le estoy agradecida.
Supongo que cuando pase el desborde podré ser más inventiva para ponerle nombre y colores a lo que siento. Ahora no puedo, estoy a puro festejo.
22 de junio de 2009
Mis cositas de hoy
lunes...
no hay palabras que me gusten más que las mías
no hay palabras que me gusten más que las mías
las de hoy
corto
copio
pego
borro
arranco
lunes...
y no hay ganas que me copen más que las mías
salto
camino
corro
me enciendo
lunes...
son mis planes los que más me atraen
elaboro
pienso
actuo
disfruto
sonrío
lunes...
¿con qué me encontraré?
18 de junio de 2009
Ejercicio
Entre estas palabras hay palabras de otros:
Cheever, Pessoa, Yoshimoto.
Estoy incontrolablemente agitado. Voy a la ciudad y compro una botella de ginebra. Pienso que no vendrá mal un poco de alcohol para aflojarme. He tenido una mala noche. Susan se fue para siempre ayer por la tarde. Me gritó "cretino", y se alejó tras un portazo. No la entiendo, creo que exagera, pero la amo y no puedo vivir sin ella. Lo he ido descubriendo en los últimos tiempos, desde que he empezado a beber más.
Siempre fue ella, desde aquel baile en 1995 en el que la invité a bailar delante de todos, inclusive de su esposo, para luego besarla y llevarla a mi casa.
Ahora ella no está. Ahora tenemos otra eternidad y siempre era mejor lo que pasó. Bebo un trago en el auto aun sin arrancar. Me he quedado recordando los viejos tiempos con la mirada fija en la prooveduría. Me largo a llorar, no puedo evitarlo. La extraño, pero yo no quiero el presente, quiero la realidad. El presente es una mierda, ella debería saber cuanto me importa, debería volver y aceptarme como soy. Loca, después de todo, ahora que lo pienso, no es más que una loca exigente y pedante que no sabe lo que quiere. Me ha arruinado la vida, sin embaargo sé que la seguiré buscando sobre la colina, sobre el llano, entre la maleza, entre los matorrales, sobre el parque, sobre el cercado, a través del agua, a través del fuego.
13 de junio de 2009
Otra de taxi
Hoy nos subimos a un taxi con mi amiga, y me di cuenta de que ese chofer ya me había tocado en un viaje el año pasado... Me pareció un hecho novedoso y sorprendente. Sobretodo porque lo reconocí...
¿Estoy exagerando?
¿Estoy exagerando?
9 de junio de 2009
Máxima VI
Si en una noche fría de Buenos Aires, en la que no se sale muy convencida (más bien, hay algo que jode, una piedra en la bota), una sube a un taxi y el chofer es copado, la noche está salvada. Todo mejora.
6 de junio de 2009
Refugio
"Este texto nació de un ejercicio a
partir de un texto de
Clarice Lispector
titulado 'Es allí donde voy'"
Al lado del refugio está esa niña con cara de enojada que fui alguna vez. Está apoyada contra una pared, en un rincón, y me mira fijo. Me echa en cara que haya crecido, que la haya dejado sola. Trato de reconocerme en ella, pero ya ni recuerdo porque estaba enojada. Visto la misma pollera que ella, azul con tablitas. Intento explicarle que me perdí en la vida adulta, que me llené de responsabilidades, que me empecé a preocupar por todas esas cosas que ella no entendería. Perdí el sentido lúdico de la vida.
Entonces le propongo que hagamos algo, que juguemos al elástico o a las escondidas. Elegimos las escondidas, y mientras ella cuenta con los ojos cerrados, contra la pared, yo busco donde esconderme. Me doy cuenta de que no hace falta, ya me escondí. Cuando ella se de vuelta ya no me encontrará. Volví a mi lugar de siempre, a la vida real, y ella nunca podrá venir a buscarme.
5 de junio de 2009
Y volver, volver, volver...
¡HOY REESTRENO!
rocío (o el paisaje)
de lucía panno
Alguien dijo que uno vive dos vidas: la que vive y la que cuenta. ¿Pero cuál es cuál? Rocío tiene al menos dos versiones de sí misma. Dos cuentos en los que es la protagonista.
actuación paula pichersky y aluminé cabrera
fotografía ana zeigner
prensa claudia mac auliffe
Alguien dijo que uno vive dos vidas: la que vive y la que cuenta. ¿Pero cuál es cuál? Rocío tiene al menos dos versiones de sí misma. Dos cuentos en los que es la protagonista.
actuación paula pichersky y aluminé cabrera
fotografía ana zeigner
prensa claudia mac auliffe
diseño gráfico leandro ibarra
ilustraciones ana carucci
diseño de luces marcelo alvarez
música original ignacio margiotta
música original ignacio margiotta
escenografía y vestuario mariana tirantte
co-dirección luciana carrasco
dramaturgia y dirección lucía panno
viernes 21.30 hs
El Camarín de las Musas - Mario Bravo 960
Reservas: 4862-0655
El Camarín de las Musas - Mario Bravo 960
Reservas: 4862-0655
entrada $25 - $15 c/desc.
4 de junio de 2009
Subte A
Ayer me quedé media hora encerrada en los túneles del subterráneo, entre las estaciones Congreso y Pasco. Yo iba escribiendo. Desde estación Perú había decidido ir hasta Plaza de Mayo para viajar sentada. Esas corazonadas que una tiene.
El coche se detuvo y yo que iba distraída, pensé que estábamos en alguna estación. Hasta que comencé a escuchar las conversaciones de la gente, indignada, por supuesto. Los minutos corrían. Mandé mensaje para avisar mi retraso, y apenas terminó de enviar, mi celular murió, la batería nos abandonó en ese momento. Yo seguía escribiendo.
Al señor que iba sentado al lado mío le sonó el celular con una música de Sabina. ¡Depresión! Dijo: "Chau, bombón, cuidate". Yo pensé que nunca podría estar con un hombre que me llamara "bombón"... bueno, depende de que hombre... a Eddie Vedder le permitiría todo, sí, todo. Yo seguía escribiendo.
De repente la cosa se puso violenta. La gente comenzó a gritar: "Puto, abrí que queremos salir". Acto seguido, la inevitable rebelión. Muchas personas que habían abierto las puertas por su cuenta, caminaban por los túneles, mientras una señora gritaba que había electricidad en las vías, que no siguieran caminando. Horrible. Una chica cerca mío llamó a Defensa Civil, al 911, a la policía, pero yo pensaba que estaba hablando con una radio. Yo seguía escribiendo.
Habían pasado veinte minutos cuando me empecé a asustar. Escuchaba ruidos raros, y tenía miedo de que algo explotara, que viniera otro tren de atrás y se produjera un choque. Luego de un rato me imaginé que nos podíamos quedar así para siempre, viviríamos ahí, tenía que comenzar a sonreírles para que me empezaran a querer. Pensé que podía ser un poco "Lost" del tercer mundo, sin Jack y sin Desmond, que son mis preferidos, claro está. Sin embargo, me entristecí al pensar que ya no tengo ideas innovadoras, mi amado Julio Cortázar ya lo hizo, al escribir "Autopista del Sur".
Fantaseo con continuar esta historia con elementos fantásticos, quizás con alguna muerte, pero nada de eso. Pasada media hora desde que se había detenido, el subte echó a andar nuevamente. En la estación Río de Janeiro vi una chica que sostenía un palo de hockey. ¡Qué envidia! Ellas, las jugadoras de hockey, siempre tienen linda piel, lindo pelo, linda voz y lindos novios.
Cuando bajé, crucé miradas con un chico muy lindo que estaba parado en la esquina de Acoyte y Rivadavia. Nos miramos, y luego, al seguir caminando, me di vuelta para mirarlo y el hacía lo mismo. Es la tercera vez que esto me pasa en el último tiempo. Pero queda ahí... ¿Ninguno me va a invitar a salir?
El coche se detuvo y yo que iba distraída, pensé que estábamos en alguna estación. Hasta que comencé a escuchar las conversaciones de la gente, indignada, por supuesto. Los minutos corrían. Mandé mensaje para avisar mi retraso, y apenas terminó de enviar, mi celular murió, la batería nos abandonó en ese momento. Yo seguía escribiendo.
Al señor que iba sentado al lado mío le sonó el celular con una música de Sabina. ¡Depresión! Dijo: "Chau, bombón, cuidate". Yo pensé que nunca podría estar con un hombre que me llamara "bombón"... bueno, depende de que hombre... a Eddie Vedder le permitiría todo, sí, todo. Yo seguía escribiendo.
De repente la cosa se puso violenta. La gente comenzó a gritar: "Puto, abrí que queremos salir". Acto seguido, la inevitable rebelión. Muchas personas que habían abierto las puertas por su cuenta, caminaban por los túneles, mientras una señora gritaba que había electricidad en las vías, que no siguieran caminando. Horrible. Una chica cerca mío llamó a Defensa Civil, al 911, a la policía, pero yo pensaba que estaba hablando con una radio. Yo seguía escribiendo.
Habían pasado veinte minutos cuando me empecé a asustar. Escuchaba ruidos raros, y tenía miedo de que algo explotara, que viniera otro tren de atrás y se produjera un choque. Luego de un rato me imaginé que nos podíamos quedar así para siempre, viviríamos ahí, tenía que comenzar a sonreírles para que me empezaran a querer. Pensé que podía ser un poco "Lost" del tercer mundo, sin Jack y sin Desmond, que son mis preferidos, claro está. Sin embargo, me entristecí al pensar que ya no tengo ideas innovadoras, mi amado Julio Cortázar ya lo hizo, al escribir "Autopista del Sur".
Fantaseo con continuar esta historia con elementos fantásticos, quizás con alguna muerte, pero nada de eso. Pasada media hora desde que se había detenido, el subte echó a andar nuevamente. En la estación Río de Janeiro vi una chica que sostenía un palo de hockey. ¡Qué envidia! Ellas, las jugadoras de hockey, siempre tienen linda piel, lindo pelo, linda voz y lindos novios.
Cuando bajé, crucé miradas con un chico muy lindo que estaba parado en la esquina de Acoyte y Rivadavia. Nos miramos, y luego, al seguir caminando, me di vuelta para mirarlo y el hacía lo mismo. Es la tercera vez que esto me pasa en el último tiempo. Pero queda ahí... ¿Ninguno me va a invitar a salir?
En Castillo y Malabia
Un señor viejo con barba, viste una gorra sobre su cabeza, celular en mano, dice: "Más vale que juntes todos los juguetes, sino te cago a palos..."
¿Pedagogía pura?
¿Pedagogía pura?
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