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11 de abril de 2011

Twitter

Sí, debo admitir que soy de indignarme fácil, que puedo hacer un escándalo ante un trámite burocrático, mis amigos lo padecen, mi chico lo padece cuando pone cara de póker ante la o el emplead@ que me atiende en el banco/empresa de telefonía móvil/ oficina gubernamental/ etc…

Ahora, y con un tono más que serio, creo tener razón para indignarme esta vez.

Florencia Etcheves, esa periodista que la va de incisiva, con un tono in- so- por- ta- ble, tan de TN, escribe en Twitter (o twittea, para los cool): "Para Jefe de Gob. voy a votar al primero que me diga que va a dinamitar las bicisendas".

Y yo pienso muchas cosas:

a)¿Tenés que usar la palabra dinamitar, Florencia?

b) ¿Tanto te afecta que vayan personas en bicicleta por la misma calle que vos? En serio respondéme, con una mano en el corazón.

c) ¿Votarías a la derecha más mierda, como Macri y sus lameortos, sólo si te dijera que va a “dinamitar” las bicisendas?

Y no salto sólo por mi condición de reciente usuaria de bici, o porque ahora participe en la Masa Crítica, y mis amigos me gasten tildándome de hippie. Salto porque es una cuestión de clase, Etcheves.

Yo uso el tren también (algo que a vos te debe parecer muy grasa) y veo la gente que llega del conurbano, de lunes a lunes, a Capital, en bici, porque viven en la concha de la lora, adonde jamás fuiste, más sí tus cámaras de noticiero “independiente”, y disponen de la bicicleta para poder moverse hacia sus trabajos, en los que ganan muchísimo menos que vos, te lo puedo asegurar.

Me indigna que puedas ser tan impune de decir eso públicamente, cuando hay tanta gente que también tiene derecho a circular en el medio de transporte que puede pagar y sostener.

Me enojo porque sos una cheta, y ojalá te quedes sin auto, Etcheves, y que ni te dé para comprarte una bici sino que tengas que andar en bondi, con lo inmundo que te debe parecer.

(Y lo peor es que después “defendés” a los trabajadores de TN y Canal 13 porque se pueden quedar sin trabajo cuando cierren el canal. Otro día te cuento en qué situación me tiene a mí el mismo medio para el cual trabajás)

Ah: les respondí a su “tweet”, pero la muy cobarde no me dijo ni mu.

4 de junio de 2009

Subte A

Ayer me quedé media hora encerrada en los túneles del subterráneo, entre las estaciones Congreso y Pasco. Yo iba escribiendo. Desde estación Perú había decidido ir hasta Plaza de Mayo para viajar sentada. Esas corazonadas que una tiene.

El coche se detuvo y yo que iba distraída, pensé que estábamos en alguna estación. Hasta que comencé a escuchar las conversaciones de la gente, indignada, por supuesto. Los minutos corrían. Mandé mensaje para avisar mi retraso, y apenas terminó de enviar, mi celular murió, la batería nos abandonó en ese momento. Yo seguía escribiendo.

Al señor que iba sentado al lado mío le sonó el celular con una música de Sabina. ¡Depresión! Dijo: "Chau, bombón, cuidate". Yo pensé que nunca podría estar con un hombre que me llamara "bombón"... bueno, depende de que hombre... a Eddie Vedder le permitiría todo, sí, todo. Yo seguía escribiendo.

De repente la cosa se puso violenta. La gente comenzó a gritar: "Puto, abrí que queremos salir". Acto seguido, la inevitable rebelión. Muchas personas que habían abierto las puertas por su cuenta, caminaban por los túneles, mientras una señora gritaba que había electricidad en las vías, que no siguieran caminando. Horrible. Una chica cerca mío llamó a Defensa Civil, al 911, a la policía, pero yo pensaba que estaba hablando con una radio. Yo seguía escribiendo.

Habían pasado veinte minutos cuando me empecé a asustar. Escuchaba ruidos raros, y tenía miedo de que algo explotara, que viniera otro tren de atrás y se produjera un choque. Luego de un rato me imaginé que nos podíamos quedar así para siempre, viviríamos ahí, tenía que comenzar a sonreírles para que me empezaran a querer. Pensé que podía ser un poco "Lost" del tercer mundo, sin Jack y sin Desmond, que son mis preferidos, claro está. Sin embargo, me entristecí al pensar que ya no tengo ideas innovadoras, mi amado Julio Cortázar ya lo hizo, al escribir "Autopista del Sur".

Fantaseo con continuar esta historia con elementos fantásticos, quizás con alguna muerte, pero nada de eso. Pasada media hora desde que se había detenido, el subte echó a andar nuevamente. En la estación Río de Janeiro vi una chica que sostenía un palo de hockey. ¡Qué envidia! Ellas, las jugadoras de hockey, siempre tienen linda piel, lindo pelo, linda voz y lindos novios.

Cuando bajé, crucé miradas con un chico muy lindo que estaba parado en la esquina de Acoyte y Rivadavia. Nos miramos, y luego, al seguir caminando, me di vuelta para mirarlo y el hacía lo mismo. Es la tercera vez que esto me pasa en el último tiempo. Pero queda ahí... ¿Ninguno me va a invitar a salir?

En Castillo y Malabia

Un señor viejo con barba, viste una gorra sobre su cabeza, celular en mano, dice: "Más vale que juntes todos los juguetes, sino te cago a palos..."

¿Pedagogía pura?

27 de mayo de 2009

Versión matinal

Las mañanas en las que despierto y tengo que salir apurada, no me gustan. Y menos si el destino final es mi trabajo.

Las mañanas son lindas, pero adentro de mi casa, con un café en la mano, escuchando la radio, leyendo. Las mañanas son lindas para recorrer el barrio, comprar verduras, recibir el sol que pega en la cara, aunque el frío cale hondo y el cuello de la polera no alcance.

Pero, definitivamente, las mañanas en el microcentro porteño son horrendas. Gente con caras grises, ropas grises, estados de ánimo grises, caminando peatonal Florida como si llegaran tarde a sus propias vidas, como si ya hubieran llegado tarde, y ahora se resignaran.

Yo, en cambio, saqué a relucir mi versión unplugged. Si la mañana me apura, yo camino más lento, si el reloj me insiste, yo le doy vuelta la cara.

Mal no me fue. Al momento de decidir, elegí justo eso que quería.

Así que a vos no te sonrío más.

18 de abril de 2009

Olores

Ayer caminé desde Corrientes y Florida hasta Corrientes y Ayacucho. Me di cuenta de que viajo mucho en subte, y la esencia de la ciudad no la veo nunca. Las marquesinas de los teatros, los carteles pegados en las paredes, la gente apurada, las veredas rotas, la gente enojada, los andamios cada dos cuadras, la gente abstraída (feliz no vi a ninguno). Vi, escuché, me aturdí, pero sobretodo, olí. Es increíble la cantidad y diversidad de olores que percibí en ese trayecto. Muchos aromas de perfumes, muchos. Quiero que quede claro que fue más de lo que cualquiera pueda imaginar. Perfume floral, frutal, cítrico, fuerte, de vieja, colonia de abuela, perfume de hombre (estos no los sé distinguir, sólo los divido entre los que me gustan y lo que no me gustan), desodorantes de ambiente. Sí, y todo al aire libre. Tuve la sensación de que Buenos Aires en realidad es una enormísima habitación, tan enorme que no vemos sus paredes.

18 de marzo de 2009

El Sr. Miyagi

Salgo de casa, sí, sí, hoy un poquitín tarde. Canto. Suena "Last Kiss", la mañana irriga sol, soy feliz. Llego a la puerta del subte y me preocupa ver esas caras de hastío. Miro: la puerta del subte cerrada. No hay cartel de aviso, nada. "Bueno, resolver", pienso, "me tomo algo hasta la D". En la parada paranoiqueo con que la D también esté cerrada así que resuelvo tomarme el 24. Un viaje hasta el microcentro (Jefa ya está avisada). Puteo por dentro contra Buenos Aires y sus malestares cotidianos.
Una vez arriba del bondi, algo me calma. Observo, contemplo, caigo... Claro, nunca viajo en cole, nadie me apura, puedo ver a la gente, grabar imágenes mentales de todo aquello que ocurre mientras yo viajo bajo tierra.
Entonces miro...
Un chico muy lindo, hippie, con unas rastas sobre una cabeza rapada dobla por una esquina, seguro de hacia donde se dirige.
Una chica está apoyada en un poste y hace anotaciones en un cuaderno. (Y yo no puedo con la intriga)
En una vereda una pareja pasea con una nena de la mano. Llevan bolsas cancheras. Yo me pregunto siempre lo mismo: ¿no trabajan? ¿por qué pasean a las 12 de mediodía y compran?
Escucho Bajofondo y muevo los piecitos al lado de una señora enfadada y con cara de miércoles.
Pasamos por el Obelisco. Suspiro, porque como yo soy de allá lejos tengo alma de provinciana, y cuando paso por el Obelisco suspiro (así como lo escribo aquí en mayúsculas).
Me bajo y me doy cuenta de que estoy llegando bastante tarde, pero "Yellow Ledbetter" suena enérgicamente y me hace sentir que nada importa.
Nada tiene real importancia. Hay demasiadas cosas por hacer y pensar. Me doy cuenta de que me sobran ganas de hacer, de crear, de sentir. Pienso que es importante aprovechar estas ganas, para que en los momentos en que el deseo se retire, yo me pueda relajar.
Me siento sabia, sabia para mí, conmigo.

Encera, lustra, encera, lustra. Pinta la cerca, pequeño saltamontes.

3 de marzo de 2009

Subte línea B

Una chica va en el subte, parada al lado de la puerta. Alza la mirada, se encuentra con aquellos ojos. Se miran. Se miran. Él es lindo, tiene rulos, bigote. Pinta de desfachatado. En cierta estación intermedia del recorrido, él se baja. Sostienen la mirada hasta que él se pierde en la salida a escalera mecánica, ya con un pucho en la boca.

Próxima estación: el subte se detiene. Por el andén camina otro muchacho. Viste a rayas, está despeinado. También es lindo. Pinta de chico moderno y cool. Se miran con la chica. Se miran. Se miran. Sostienen la mirada hasta que él se pierde en la salida a escalera mecánica, con cara de tedio de ir a trabajar.



Y ella siente que acaba de cometer infidelidad.

11 de febrero de 2009

Un variadito de puro acelere

Paulita (que es más que una fiel lectora de este blog!) me pide monólogo para que la haga reír el día de hoy... Mmm... tarea de payaso... No puedo con eso. Pienso (sí, básicamente es lo que más hago en mi vida) que estoy con la Cabeza en varios temas, variadas cosas que suceden, todo un desvarío. Ayer había escrito toda una cosa para publicar acerca de una mancha que me salió en un lunar, que despertó mi más furiosa hipocondría. Así iba por la vida en ese día martes, creyendo que tenía cáncer (ay sí, sé que es fuerte decirlo así, y ya me han reprendido por eso) y pensando en mi última voluntad, cuando saliendo de la burbuja laboral a las seis de la tarde me sorprende una lluvia torrencial. Yo, que estoy ahí de musculosa y ojotas, advierto que... ¡Todo el mundo tiene paraguas! ¿Cómo puede ser? ¿Quién les avisa que a la tarde va a llover? ¿O nacieron precavidos? Yo ayer mismito a la mañana escuché a Magdalena, escuché el pase de Magdalena a Víctor Hugo, escuché a Víctor Hugo, pero se nota que estoy en cualquier otra órbita porque así me fui al ensayo, empapada de lluvia y felicidad. Ah sí, porque ahora ando toda feliz, estoy conectada, n' sync con la vida misma.

Se acerca un fin de semana con superposición de planes. ¿Qué hacer? ¿Qué no hacer?

Por Dior! Diría mi amiga María, que para ella la moda es una religión...

26 de enero de 2009

Tedio de lunes

Me levanto. Así de dormida como estoy, me pongo a revisar la colección de revistas de abajo de esa mesa tan linda. No me lavé los dientes, no me tomé ni un mate. Busco, busco respuestas, busco que alguien lo haya dicho por mí. Quiero encontrar las palabras justas para este momento, y de paso la solución para mis males (pero soy conciente de que eso ya es pedir demasiado).
Ayer me dormí muy tarde, porque me quedé escribiendo eso del buen querer, de los que quieren bien. Entonces ahora quiero encontrar que alguien más lo diga, que alguien más lo desee, y, sobretodo, que a alguien más le haya pasado que no lo quieran bien, y lo cuente.

Finalmente, me llevo una revista cualquiera, y pienso que si no encuentro nada, no importa, me leo un cuentito inédito de esos que terminan por no gustarme, y al que le hago una crítica defenestrante (en mi Cabeza, obvio, no vaya el mundo a pensar que tengo el tupé de una crítica).

Salgo. Salir a la calle me parece un tedio, Buenos Aires me parece un tedio. En el subte lagrimeo un poco, no sé, estoy sensible. Es que estoy con un pasito adentro de algo, y un pasito afuera, como yéndome. Me voy, me voy, me voy...

Llego. Lunes. Calendario. MSN, Facebook, Blog. Tanta conexión para estar desconectada de lo que realmente me pasa. Igual sé que es un cliché hablar de la incomunicación en la "era de las comunicaciones", si lo dice Galeano es una cosa, pero si yo lo escribo en un blog es totalmente distinto. Peor, sí, sí, si yo lo escribo es peor.

Ahora ya me voy. Me voy de mi lugar de trabajo. Me voy del microcentro. Y también me voy un poquito de... ese lugar que no me está gustando.

Como me dijo hoy mi amiga Pau: "esto de ser minita..."

18 de diciembre de 2008

Estrés

Estoy teniendo altas dosis de microcentro por estos días... Buenos Aires, dame un respiro...

17 de diciembre de 2008

Ciclotimia de cyber

Acabo de cruzarme en la peatonal Florida con Willem Dafoe. Hoy comí un cuarto de helado que me cayó mal, a la panza y a la culpa. En el trabajo estuvimos tres horas sin luz. Y ahora estoy haciendo tiempo en un cyber tan... no sé como describirlo. Turistas me rodean y escucho sin entender nada de sus dialectos. El teclado está muy sucio, y como broche, de fondo suena un tango terriblemente for export.

Así todo mezclado: Willem Dafoe (que ni siquiera estoy segura de estar escribiéndolo bien), los turistas (sobretodo el que conversa por celular al lado mío, y al que no le entiendo ni un monosílabo), el tango, mi dolor de panza. Nunca termino de aceptar que Buenos Aires es así, el caos, el orden, lo bueno, lo feo, lo malo, lo estúpido, lo cursi, lo solemne, la vanguardia, lo clásico, lo extraño, lo más normal, lo triste, lo bizarro. Todo junto. Creo que la ciudad y yo nos seguimos amando porque somos iguales: tan ciclotímicos.

Y acabo de leer una poesía que me partió la Cabeza y me animó el corazón, por muchas razones, pero sobretodo porque estoy convencida de que habla de mí.

2 de diciembre de 2008

Las palabras

Sueño que voy en el subte. Cuando me miro lo pies, observo que tengo pantuflas puestas. Las de piel, las que son de invierno. Calor, los pies me transpiran. En la escalera infundibuliforme, transita demasiada gente. Es una imagen invasiva. Entran al subte a borbotones, cual jauría a la perrera. Las características de esta ciudad no son más que el salvajismo, el “vale todo”… Me agobia, pero a la vez me encanta. Es el histeriqueo propio entre Baires y yo.

Finalmente despierto, me di tremendo golpe al caer de la cama de arriba de la cucheta. Para colmo debo salir corriendo, como cada día. Pero esta vez prestaré atención a que mis pies porten zapatillas, no vaya a ser cosa de que la city se enoje conmigo…

27 de noviembre de 2008

Todo un palo

Salgo corriendo de casa, como todos los días. (Mi amiga Mona dice que en otros tiempos yo era muy puntual, yo hago un esfuerzo tremendo para recordar esos tiempos)
Llego a la oficina de venta de pasajes. Tengo el numero 031 y van por el 007, pero lo peor es que pasa media hora (a esta altura ya mandé mensaje de texto a mi jefa para avisar que llego tarde) y no llaman al número siguiente. Estoy sentada entre una joven y un musculoso del tipo “chico bolichero”. Él no para de quejarse, y con sus quejas salgo perdiendo yo: su aliento me está matando. Trato de no respirar, pero es imposible evitarlo. Me echo sobre el asiento resignada a esa realidad que me toca vivir. Ni siquiera tengo un libro para leer, es que en las últimas dos semanas sólo llevo apuntes para obligarme a estudiar en los ratos libres, en alguna ocasional espera como esta, o en el viaje en subte.
Y sí, ocurre lo que tenía que ocurrir, lo que trato de evitar: me pongo a pensar. Pienso en mis ideas, en mi estado de tranquilidad, en los consejos que doy, en la entereza que demuestro. ¿Me estaré mintiendo? ¿Será esta la calma previa a la tormenta? Enumero las cosas que me quedan por hacer. Uf, es mucho. Un tipo que acaba de llegar saludó muy amistosamente a uno de los vendedores de pasajes y se sentó directamente a realizar la transacción. Lluvia de quejas de un lado y del otro. Yo me quedo callada. Creo que si hablara no me quejaría porque no me están atendiendo sino que le pediría encarecidamente al “musculoso”, que además está en musculosa, que fuera por favor a lavarse los dientes. Eso es más indignante que el hecho de que no me atiendan. Me tengo que ir, por un lado llego tardísimo al laburo, y por otro, corro peligro de desintegrarme bajo ese aliento nocivo.

Ocho cuadras, y la Cabeza que no para: estreno, parcial, parcial, mudanza, vestidos, mi inseguridad, la soledad, estreno, parcial… ¡ahhhhhhhh! Y todo esto con 34 grados que parecen 45.

Ya es de noche, escribo como excusa para no estudiar, y me dispongo, en breve, a saltar al vacío. Es inminente.
Siempre me gustó la canción de Los Redondos: “el futuro ya llegó”.

9 de octubre de 2008

Escuchado al pasar

Una vez, hace un tiempo, volvía del video club y pasé por la entrada de un edificio. En ella se encontraba una pareja, y en el momento en que estaba pasando, escuché que él le dijo a ella: "¿Te querés casar conmigo?"

Fue genial. Seguí mi camino sabiendo que había sido testigo de un momento crucial en la vida de dos seres desconocidos.

Me preguntó que será de ellos.

16 de septiembre de 2008

Definitivamente

No me atraen para nada los hombres de saco y corbata. Cuando voy por la calle les cambio el atuendo.

(me encanta la palabra atuendo)

15 de septiembre de 2008

Lo que no...

Sale del trabajo. Siente que la ciudad la devora, la come viva. Camina por Florida encapuchada, hay días en que quisiera flotar, no sentir que está inmersa en toda esta cotidianeidad. Trabajar, cocinar la cena, trapear el piso, mantener conversaciones coherentes. Todo le pesa.

Tiene un nudo en la boca del estómago. Hay respuestas que no encuentra a las miles de preguntas que se hace por minuto, por segundo. Hay dolores que siguen doliendo, que cada tanto emergen, que sobrevuelan y la invaden.

La primavera no llega nunca, el frío le sigue calando los huesos. Su cuerpo no registra diferencia entre tres o quince grados. Sus manos tiemblan.

“Sos una atormentada, por eso vas a ser una gran actriz”, le dijo una vez su hermano mayor. Nunca pudo olvidar tamaña conclusión. Fue en un bar de cordillera, ella lloraba por un amor que no fue. ¿Será eso? ¿Serán sus tormentos los que la hacen sentir fuera del mundo?

Definitivamente no combina con el paisaje citadino. Hace rato que no camina descalza por el pasto, que no admira la inmensidad del mar, que no se sienta a la vera de una cascada, que no respira aire sin smog.

Está atada al deber, no deja nada librado a la suerte, tiene plazos que cumplir para todo. No usa agenda y, sin embargo, toda su vida está programada, diagramada. Aún así no llega. ¿Adónde no llega? Ni ella lo sabe. Establece miles de medios para llegar a miles de fines que va olvidando en el camino.


Loquenofue
loquenoes
loslibrosquenolee
laspelículasquenove
losplanesquenoconcreta
loslugaresquenovisita.

Todo eso, así junto y desordenado habita esa cabeza, esa gran cabeza. Es hora de parar.


¿Sabrá cómo?