nada. quiero decir otra cosa, pero como no sé cómo, mejor digo
nada (pero con una canción de The Cure de fondo, del disco "Show", la estoy tarareando, pero el tarareo no se puede escribir)
nada nada nada
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30 de junio de 2011
27 de junio de 2011
Allá
no pensar para no sentir
no llamar para no escuchar
no recordar para no llorar
y de repente un día todo el extrañar, todo, todo, todo entra por un agujerito, por ese estenopo que no se cerró a tiempo
y de repente un día todo el extrañar, todo, todo, todo entra por un agujerito, por ese estenopo que no se cerró a tiempo
y quiero sur
y quiero ellos
y quiero allá
28 de mayo de 2011
Sábado en mi cama
Busco palabras de otros. No es fácil nombrar lo que pasa porque no hay nombres para lo desconocido, aún es desconocido.
El dolor tiene formas, colores, texturas y olores. Las letras se acomodan una al lado de la otra pero cuando se lee la frase no tiene nada que ver: generara un espacio social. No, eso no encaja con este presente. Eso es lo que se va a repartir, difundir, difamar. Eso no es buscar palabras de otro, es escribir para otros. Esto de más acá es la realidad, la que no tiene... a la que no le encuentro... ¡Ahí está! En mi cabeza resuena la banda que decía: "rara vez esta vida tiene sentido, amor". Y un luto para mis lejanos 17.
El dolor tiene formas, colores, texturas y olores. Las letras se acomodan una al lado de la otra pero cuando se lee la frase no tiene nada que ver: generara un espacio social. No, eso no encaja con este presente. Eso es lo que se va a repartir, difundir, difamar. Eso no es buscar palabras de otro, es escribir para otros. Esto de más acá es la realidad, la que no tiene... a la que no le encuentro... ¡Ahí está! En mi cabeza resuena la banda que decía: "rara vez esta vida tiene sentido, amor". Y un luto para mis lejanos 17.
Sentido. Sentido pésame. Sentido del olfato. Sentir. Sentires como plural, como acumulación de células sentidas. Acumulación de búsquedas que no tuvieron ningún fin aunque parecía que sí. Acumulación de deseos de éxito, destacarse, triunfo, dotes y esas cosas que enseñó la familia y la escuela.
16 de mayo de 2011
Oportuno
Ya me cansé de pensar en eso de que los orientales tienen el mismo anagrama para la palabra crisis que para la palabra oportunidad (creo que era algo así). Mi crisis es constante, sonante y tangible.
Sin embargo, ocurre de vez en cuando que en ese momento en que todosevacayendodeapoquitohastademodoimperceptible, aparece una lucecita como de esas que se ponen en la parte de atrás de la bici, tímida pero presente.
La lucecita la prendió mi amigo de los sueños intranquilos, que me mostró el texto que sigue a continuación, de la periodista Leila Guerriero:
Arbitraria
No tienen por qué saberlo: soy periodista y, a veces, otros periodistas me llaman para conversar. Y, a veces, me preguntan si podría dar algún consejo para colegas que recién empiezan. Y yo, cada vez, me siento tentada de citar la primera frase de un relato de la escritora estadounidense Lorrie Moore, llamado Cómo convertirse en escritora, incluido en su libro Autoayuda: “Primero, trata de ser algo, cualquier cosa pero otra cosa. Estrella de cine/astronauta. Estrella de cine/misionera. Estrella de cine/maestra jardinera. Presidente del mundo. Es mejor si fracasas cuando eres joven -digamos, a los catorce“. Pero no lo hago porque no es eso lo que verdaderamente pienso y porque, en el fondo, dar consejos es oficio de soberbios.
Entonces, cuando me preguntan, digo no, ninguno, nada.
Pero hoy es abril y ha sido un buen día. Hice una entrevista con una mujer a quien voy a volver a ver en dos semanas y varios llamados telefónicos que dieron buenos resultados. Compré frutas, conseguí un estupendo curry en polvo. Hay nardos en los floreros de la cocina. Corrí al atardecer. Me siento leve, un poco feroz, arbitraria. De modo que si hoy me preguntaran, les diría: corran.
Les diría: sientan los huesos mientras corren como sentirán después las catástrofes ajenas: sin acusar el golpe.
Aguanten, les diría. Pasen por las historias sin hacerles daño (sin hacerse daño).
Sean suaves como un ala, igual de peligrosos. Y respeten: recuerden que trabajan con vidas humanas. Respeten.
Escuchen a Pearl Jam, a Bach, a Calexico. Canten a gritos canciones que no cantarían en público: Shakira, Julieta Venegas, Raphael.
Vayan a las iglesias en las que se casan otros, sumérjanse en avemarías que no les interesan: expóngase a chorros de emoción ajena.
Sean invisibles: escuchen lo que la gente tiene para decir. Y no interrumpan.
Frente a una taza de té o un vaso de agua, sientan la incomodidad atragantada del silencio. Y respeten.
Sean curiosos: miren donde nadie mira, hurguen donde nadie ve. No permitan que la miseria del mundo les llene el corazón de ñoñería y de piedad.
Sepan cómo limpiar su propia mugre, hacer un hoyo en la tierra, trabajar con las manos, construir alguna cosa. Sean simples pero no se pretendan inocentes. Conserven un lugar al que puedan llamar “casa”.
Tengan paciencia porque todo está ahí: sólo necesitan la complicidad del tiempo.
Aprendan a no estar cansados, a no perder la fe, a soportar el agobio de los largos días en los que no sucede nada.
Maten alguna cosa viva: sean responsables de la muerte.
Viajen.
Vean películas de Werner Herzog. Quieran ser Werner Herzog. Sepan que no lo serán nunca.
Pierdan algo que les importe. Ejercítense en el arte de perder. Sepan quién es Elizabeth Bishop.
Equivóquense. Sean tozudos. Créanse geniales. Después aprendan.
Tengan una enfermedad. Repónganse. Sobrevivan.
Quédense hasta el final en los velorios. Tomen una foto del muerto. Tengan memoria, conserven los objetos.
Resístanse al deseo de olvidar.
Cuando pregunten, cuando entrevisten, cuando escriban: prodíguense. Después, desaparezcan.
Acepten trabajos que estén seguros de no poder hacer, y háganlos bien. Escriban sobre lo que les interesa, escriban sobre lo que ignoran, escriban sobre lo que jamás escribirían.
No se quejen.
Contemplen la música de las estrellas y de los carteles de neón.
Conozcan esta línea de Marosa di Giorgio, uruguaya: “Los jazmines eran grandes y brillantes como hechos con huevos y con lágrimas”.
Vivan en una ciudad enorme.
No se lastimen.
Tengan algo para decir.
Tengan algo para decir.
Tengan algo para decir.
Entonces, cuando me preguntan, digo no, ninguno, nada.
Pero hoy es abril y ha sido un buen día. Hice una entrevista con una mujer a quien voy a volver a ver en dos semanas y varios llamados telefónicos que dieron buenos resultados. Compré frutas, conseguí un estupendo curry en polvo. Hay nardos en los floreros de la cocina. Corrí al atardecer. Me siento leve, un poco feroz, arbitraria. De modo que si hoy me preguntaran, les diría: corran.
Les diría: sientan los huesos mientras corren como sentirán después las catástrofes ajenas: sin acusar el golpe.
Aguanten, les diría. Pasen por las historias sin hacerles daño (sin hacerse daño).
Sean suaves como un ala, igual de peligrosos. Y respeten: recuerden que trabajan con vidas humanas. Respeten.
Escuchen a Pearl Jam, a Bach, a Calexico. Canten a gritos canciones que no cantarían en público: Shakira, Julieta Venegas, Raphael.
Vayan a las iglesias en las que se casan otros, sumérjanse en avemarías que no les interesan: expóngase a chorros de emoción ajena.
Sean invisibles: escuchen lo que la gente tiene para decir. Y no interrumpan.
Frente a una taza de té o un vaso de agua, sientan la incomodidad atragantada del silencio. Y respeten.
Sean curiosos: miren donde nadie mira, hurguen donde nadie ve. No permitan que la miseria del mundo les llene el corazón de ñoñería y de piedad.
Sepan cómo limpiar su propia mugre, hacer un hoyo en la tierra, trabajar con las manos, construir alguna cosa. Sean simples pero no se pretendan inocentes. Conserven un lugar al que puedan llamar “casa”.
Tengan paciencia porque todo está ahí: sólo necesitan la complicidad del tiempo.
Aprendan a no estar cansados, a no perder la fe, a soportar el agobio de los largos días en los que no sucede nada.
Maten alguna cosa viva: sean responsables de la muerte.
Viajen.
Vean películas de Werner Herzog. Quieran ser Werner Herzog. Sepan que no lo serán nunca.
Pierdan algo que les importe. Ejercítense en el arte de perder. Sepan quién es Elizabeth Bishop.
Equivóquense. Sean tozudos. Créanse geniales. Después aprendan.
Tengan una enfermedad. Repónganse. Sobrevivan.
Quédense hasta el final en los velorios. Tomen una foto del muerto. Tengan memoria, conserven los objetos.
Resístanse al deseo de olvidar.
Cuando pregunten, cuando entrevisten, cuando escriban: prodíguense. Después, desaparezcan.
Acepten trabajos que estén seguros de no poder hacer, y háganlos bien. Escriban sobre lo que les interesa, escriban sobre lo que ignoran, escriban sobre lo que jamás escribirían.
No se quejen.
Contemplen la música de las estrellas y de los carteles de neón.
Conozcan esta línea de Marosa di Giorgio, uruguaya: “Los jazmines eran grandes y brillantes como hechos con huevos y con lágrimas”.
Vivan en una ciudad enorme.
No se lastimen.
Tengan algo para decir.
Tengan algo para decir.
Tengan algo para decir.
6 de diciembre de 2009
31 de agosto de 2009
¿blog o no blog?
ahora está gris oscuro y las letras son anaranjadas, pero hoy fue negro por un ratito...
no sé qué colores quiero para el blog, no sé que quiero escribir en el blog...
no sé si quiero un blog...
no sé de qué color soy yo...
hoy me di cuenta de que existe la ciclotimia blogger, en vez de estados de ánimo, mi blog irá cambiando de colores, tipografías, imágenes... y por ahí nunca se queda con ninguna de las opciones...
como yo...
(cuánto punto suspensivo, che!)
no sé qué colores quiero para el blog, no sé que quiero escribir en el blog...
no sé si quiero un blog...
no sé de qué color soy yo...
hoy me di cuenta de que existe la ciclotimia blogger, en vez de estados de ánimo, mi blog irá cambiando de colores, tipografías, imágenes... y por ahí nunca se queda con ninguna de las opciones...
como yo...
(cuánto punto suspensivo, che!)
26 de agosto de 2009
29 de julio de 2009
me parece que yo soy de la generación de las minúsculas. no sé... creo que las mayúsculas podrían ser un equivalente a gritar. a la vez pienso que la generación de mis papás son de la mayúscula, de respetarla a rajatabla.
sé que están para establecer cierto orden, y además (como aspirante a reportera y periodista medio tiempo) las sé usar correctamente.
pero en muchos textos queda todo tan lindo escrito en chiquito.
sé que están para establecer cierto orden, y además (como aspirante a reportera y periodista medio tiempo) las sé usar correctamente.
pero en muchos textos queda todo tan lindo escrito en chiquito.
28 de julio de 2009
Pequeño diálogo nocturno
Ella: A veces la vida me da miedo.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque es un riesgo constante.
Él: ¿Por qué?
Ella: Porque es un riesgo constante.
20 de noviembre de 2008
De noche
...y no hay fórmulas establecidas para la superación, se vive de diferente modo cada vez. Porque cuando se trata del corazón, es todo eso que pasa como por atrás de la nuca, pasa por un lugar que una no puede identificar. Se escapa, no tiene ni cabeza ni cola, no tiene forma. La angustia no tiene forma, no se la puede contemplar hasta entenderla, como se podría hacer con un cuadro de Dalí, que de última una entiende lo que quiere.
La Mujer Con Cabeza se prende un cigarrillo, relee el fragmento escogido entre todo eso que acaba de salir por las yemas de los dedos, directo al teclado. Piensa. Lo que piensa es que estas palabras son tan públicas... Siente el pudor de saber que sus soledad está acá, a flor de piel, en carne viva.
Al final sonríe. Esta es una soledad no tan sola...
La Mujer Con Cabeza se prende un cigarrillo, relee el fragmento escogido entre todo eso que acaba de salir por las yemas de los dedos, directo al teclado. Piensa. Lo que piensa es que estas palabras son tan públicas... Siente el pudor de saber que sus soledad está acá, a flor de piel, en carne viva.
Al final sonríe. Esta es una soledad no tan sola...
15 de septiembre de 2008
Lo que no...
Sale del trabajo. Siente que la ciudad la devora, la come viva. Camina por Florida encapuchada, hay días en que quisiera flotar, no sentir que está inmersa en toda esta cotidianeidad. Trabajar, cocinar la cena, trapear el piso, mantener conversaciones coherentes. Todo le pesa.
Tiene un nudo en la boca del estómago. Hay respuestas que no encuentra a las miles de preguntas que se hace por minuto, por segundo. Hay dolores que siguen doliendo, que cada tanto emergen, que sobrevuelan y la invaden.
La primavera no llega nunca, el frío le sigue calando los huesos. Su cuerpo no registra diferencia entre tres o quince grados. Sus manos tiemblan.
“Sos una atormentada, por eso vas a ser una gran actriz”, le dijo una vez su hermano mayor. Nunca pudo olvidar tamaña conclusión. Fue en un bar de cordillera, ella lloraba por un amor que no fue. ¿Será eso? ¿Serán sus tormentos los que la hacen sentir fuera del mundo?
Definitivamente no combina con el paisaje citadino. Hace rato que no camina descalza por el pasto, que no admira la inmensidad del mar, que no se sienta a la vera de una cascada, que no respira aire sin smog.
Está atada al deber, no deja nada librado a la suerte, tiene plazos que cumplir para todo. No usa agenda y, sin embargo, toda su vida está programada, diagramada. Aún así no llega. ¿Adónde no llega? Ni ella lo sabe. Establece miles de medios para llegar a miles de fines que va olvidando en el camino.
Loquenofue
Tiene un nudo en la boca del estómago. Hay respuestas que no encuentra a las miles de preguntas que se hace por minuto, por segundo. Hay dolores que siguen doliendo, que cada tanto emergen, que sobrevuelan y la invaden.
La primavera no llega nunca, el frío le sigue calando los huesos. Su cuerpo no registra diferencia entre tres o quince grados. Sus manos tiemblan.
“Sos una atormentada, por eso vas a ser una gran actriz”, le dijo una vez su hermano mayor. Nunca pudo olvidar tamaña conclusión. Fue en un bar de cordillera, ella lloraba por un amor que no fue. ¿Será eso? ¿Serán sus tormentos los que la hacen sentir fuera del mundo?
Definitivamente no combina con el paisaje citadino. Hace rato que no camina descalza por el pasto, que no admira la inmensidad del mar, que no se sienta a la vera de una cascada, que no respira aire sin smog.
Está atada al deber, no deja nada librado a la suerte, tiene plazos que cumplir para todo. No usa agenda y, sin embargo, toda su vida está programada, diagramada. Aún así no llega. ¿Adónde no llega? Ni ella lo sabe. Establece miles de medios para llegar a miles de fines que va olvidando en el camino.
Loquenofue
loquenoes
loslibrosquenolee
laspelículasquenove
losplanesquenoconcreta
loslugaresquenovisita.
Todo eso, así junto y desordenado habita esa cabeza, esa gran cabeza. Es hora de parar.
¿Sabrá cómo?
7 de septiembre de 2008
La vuelta al mundo
El cumpleaños es como un dominó. Causa- efecto constante. El efecto final es este domingo en el que ya pasó. ¿Cómo? ¿Ya pasó? ¿Esto era todo? Uno pasa de ser la estrella del día, de la semana (consideremos que a veces cae en la semana y se hace un buen festejo el fin de semana, tal es mi caso), a ser un NN más. Otra vez domingo, y a repasar la interminable lista de tareas a realizar en la semana. Esa máquina monstruosa que llamamos cotidianeidad, que, mágicamente, había desaparecido en la semana del cumpleaños. Todo era extra cotidiano. Por lo menos para mí lo era.
Recibir regalos, preparar comidas, no ir a trabajar y, en cambio, ir a almorzar en familia. Nada más afuera de mi vida de todos los días. No tengo problemas, todo se puede ver la semana que viene, ahora no, estoy ocupada con el festejo.
Entonces hoy, ahorita, desde mi anonimato, me dispongo a pensar que ceno hoy, preparar mi mochila para mañana, y juntar todas esas facturas que están sin pagar. Ah! y la calculadora, obvio, para sacar cuentas del dinero que me queda para seguir en este mes en el que todo vuelve a ser cotidianísimo.
Y para peor... ¡Con un año más!
Recibir regalos, preparar comidas, no ir a trabajar y, en cambio, ir a almorzar en familia. Nada más afuera de mi vida de todos los días. No tengo problemas, todo se puede ver la semana que viene, ahora no, estoy ocupada con el festejo.
Entonces hoy, ahorita, desde mi anonimato, me dispongo a pensar que ceno hoy, preparar mi mochila para mañana, y juntar todas esas facturas que están sin pagar. Ah! y la calculadora, obvio, para sacar cuentas del dinero que me queda para seguir en este mes en el que todo vuelve a ser cotidianísimo.
Y para peor... ¡Con un año más!
3 de septiembre de 2008
1 de septiembre de 2008
Momentos de La Mujer Con Cabeza
La Mujer Con Cabeza se sienta, suspira, se estira… comienza a escribir. La Mujer con Cabeza piensa en ese momento que no sabe si está preparada. Preparada para vivir. Se aproxima ese día y se pregunta si realmente será así. Dice en voz alta: “¡Ay, cuanto que pienso! ¡Que manera de pensar!” Le hablan, le susurran las voces, ella piensa.
Le rodean las culpas, la envuelven. Ella no maneja los hilos del “teje y maneje” cotidiano. No puede descifrarlos. Nunca fue buena estratega y ahora se pregunta si fue eso en lo que falló. Esa falla que la atraviesa.
La Mujer Con Cabeza se ríe, no puede parar de reírse. Por que se dio cuenta de que no era tan difícil, era cuestión de adentrarse en sus convicciones y dejarlo fluir. Asume orgullosa sus puntos más flacos y se reafirma en sus virtudes. Se suelta el pelo y escucha sus canciones preferidas.
Le rodean las culpas, la envuelven. Ella no maneja los hilos del “teje y maneje” cotidiano. No puede descifrarlos. Nunca fue buena estratega y ahora se pregunta si fue eso en lo que falló. Esa falla que la atraviesa.
La Mujer Con Cabeza se ríe, no puede parar de reírse. Por que se dio cuenta de que no era tan difícil, era cuestión de adentrarse en sus convicciones y dejarlo fluir. Asume orgullosa sus puntos más flacos y se reafirma en sus virtudes. Se suelta el pelo y escucha sus canciones preferidas.
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