5 de junio de 2009

Y volver, volver, volver...



¡HOY REESTRENO!





rocío (o el paisaje)
de lucía panno

Alguien dijo que uno vive dos vidas: la que vive y la que cuenta. ¿Pero cuál es cuál? Rocío tiene al menos dos versiones de sí misma. Dos cuentos en los que es la protagonista.


actuación
paula pichersky y aluminé cabrera
fotografía
ana zeigner
prensa claudia mac auliffe
diseño gráfico leandro ibarra
ilustraciones ana carucci
diseño de luces marcelo alvarez
música original ignacio margiotta
escenografía y vestuario mariana tirantte
co-dirección luciana carrasco
dramaturgia y dirección lucía panno

viernes 21.30 hs
El Camarín de las Musas - Mario Bravo 960
Reservas: 4862-0655
entrada $25 - $15 c/desc.

4 de junio de 2009

Subte A

Ayer me quedé media hora encerrada en los túneles del subterráneo, entre las estaciones Congreso y Pasco. Yo iba escribiendo. Desde estación Perú había decidido ir hasta Plaza de Mayo para viajar sentada. Esas corazonadas que una tiene.

El coche se detuvo y yo que iba distraída, pensé que estábamos en alguna estación. Hasta que comencé a escuchar las conversaciones de la gente, indignada, por supuesto. Los minutos corrían. Mandé mensaje para avisar mi retraso, y apenas terminó de enviar, mi celular murió, la batería nos abandonó en ese momento. Yo seguía escribiendo.

Al señor que iba sentado al lado mío le sonó el celular con una música de Sabina. ¡Depresión! Dijo: "Chau, bombón, cuidate". Yo pensé que nunca podría estar con un hombre que me llamara "bombón"... bueno, depende de que hombre... a Eddie Vedder le permitiría todo, sí, todo. Yo seguía escribiendo.

De repente la cosa se puso violenta. La gente comenzó a gritar: "Puto, abrí que queremos salir". Acto seguido, la inevitable rebelión. Muchas personas que habían abierto las puertas por su cuenta, caminaban por los túneles, mientras una señora gritaba que había electricidad en las vías, que no siguieran caminando. Horrible. Una chica cerca mío llamó a Defensa Civil, al 911, a la policía, pero yo pensaba que estaba hablando con una radio. Yo seguía escribiendo.

Habían pasado veinte minutos cuando me empecé a asustar. Escuchaba ruidos raros, y tenía miedo de que algo explotara, que viniera otro tren de atrás y se produjera un choque. Luego de un rato me imaginé que nos podíamos quedar así para siempre, viviríamos ahí, tenía que comenzar a sonreírles para que me empezaran a querer. Pensé que podía ser un poco "Lost" del tercer mundo, sin Jack y sin Desmond, que son mis preferidos, claro está. Sin embargo, me entristecí al pensar que ya no tengo ideas innovadoras, mi amado Julio Cortázar ya lo hizo, al escribir "Autopista del Sur".

Fantaseo con continuar esta historia con elementos fantásticos, quizás con alguna muerte, pero nada de eso. Pasada media hora desde que se había detenido, el subte echó a andar nuevamente. En la estación Río de Janeiro vi una chica que sostenía un palo de hockey. ¡Qué envidia! Ellas, las jugadoras de hockey, siempre tienen linda piel, lindo pelo, linda voz y lindos novios.

Cuando bajé, crucé miradas con un chico muy lindo que estaba parado en la esquina de Acoyte y Rivadavia. Nos miramos, y luego, al seguir caminando, me di vuelta para mirarlo y el hacía lo mismo. Es la tercera vez que esto me pasa en el último tiempo. Pero queda ahí... ¿Ninguno me va a invitar a salir?

En Castillo y Malabia

Un señor viejo con barba, viste una gorra sobre su cabeza, celular en mano, dice: "Más vale que juntes todos los juguetes, sino te cago a palos..."

¿Pedagogía pura?

31 de mayo de 2009

Otra de viernes

Sucede que ando con poco tiempo libre. Entonces, pobrecito mi blog queda relegado a ser atendido en los momentos de ocio, de vacío, que por estos días son muy pocos.

Aún así, no quería dejar de volcar un pequeño suceso del viernes pasado. Mi gran amiga Paulita coloreó con palabras de otro, el placer de vivir que me había invadido ese día...

Vía msn, me dijo:

Perfecto para tu dia...de felicidad o buen humor (para mi es lo mismo):

" A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como éste de ahora, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos relucientes de su casa, marcando pasos de danza; rodar un aro; tirar alguna cosa al aire para volverla a coger, o quedarse quieta y reír... simplemente por nada.¿Qué puede hacer uno si, aún contando treinta años, al volver la esquina de su calle le domina de repente una sensación de felicidad..., de felicidad plena..., como si de repente se hubiese tragado un trozo brillante del sol crepuscular y éste le abrasara el pecho, lanzando una lluvia de chispas por todo su cuerpo?¿Es que no puede haber una forma de manifestarlo sin parecer "beodo o trastornado"? La civilización es una estupidez. ¿Para qué se nos ha dado un cuerpo, si hemos de mantenerlo encerrado en un estuche como si fuera algún valioso Stradivarius? "

En general no me gusta mucho poner palabras de otros en este espacio... Siento que no es genuino, que no me describe, que no me identifica... Pero este texto me encantó, en realidad, mucho más que eso, me llegó en ese momento en que irradiaba plenitud.

No quisiera pinchar ningún globo (el mío menos que menos), así que me abstengo de ahondar en el día de hoy, en el que me quedé encerrada en el Stradivarius, no porque deba, no porque quiera. Simplemente, las condiciones desfavorables del desamor constante y la ausencia de esperanzas, me apagaron un poco las lucecitas.

Mañana será otro día. Esperemos que pueda encontrar un electricista de turno.

30 de mayo de 2009

Una de viernes

4 p.m.

Chat con mamá, que me dice:

"Hija, ayer me metí en tu página y leí lo de Onofra"

No sé, lo de página me encantó. Será que el blog no lo considero una página...

Acto seguido, mamá escribe:

"No te olvides de mandar paco, hijita..."

Pero ese fue mi hermano, que a través de su humor ácido le hace tipear a mi madre los chistes que él haría.

Mi familia es hermosa. A veces pienso que debería escribir más sobre ellos.

27 de mayo de 2009

Versión matinal

Las mañanas en las que despierto y tengo que salir apurada, no me gustan. Y menos si el destino final es mi trabajo.

Las mañanas son lindas, pero adentro de mi casa, con un café en la mano, escuchando la radio, leyendo. Las mañanas son lindas para recorrer el barrio, comprar verduras, recibir el sol que pega en la cara, aunque el frío cale hondo y el cuello de la polera no alcance.

Pero, definitivamente, las mañanas en el microcentro porteño son horrendas. Gente con caras grises, ropas grises, estados de ánimo grises, caminando peatonal Florida como si llegaran tarde a sus propias vidas, como si ya hubieran llegado tarde, y ahora se resignaran.

Yo, en cambio, saqué a relucir mi versión unplugged. Si la mañana me apura, yo camino más lento, si el reloj me insiste, yo le doy vuelta la cara.

Mal no me fue. Al momento de decidir, elegí justo eso que quería.

Así que a vos no te sonrío más.

25 de mayo de 2009

Vacío

¿Por dónde empiezo a hacer todo lo que tengo que hacer?

¿Existe algún modo de fabricar las ganas?

¿Cómo se combate la angustia de un feriado que es como un domingo?

¿Cómo evito la dispersión?

Pienso que quisiera ser más linda.

Quisiera ser una actriz francesa de ojos claros, que además canta y está por sacar un disco que, obviamente, será un éxito.

Quisiera ser una científica que está tan ensimismada en sus investigaciones que no tiene tiempo para pensar en nimiedades como el amor, qué hay para cenar esta noche, o a quién votar en las próximas elecciones.

Quisiera ser una gaviota sobrevolando el océano.

Hoy quisiera ser otra.

24 de mayo de 2009

Onofra



Ayer murió. La mataron.
Puedo jurar que era imposible no ser feliz cuando ella me miraba. Ella sabía perfectamente que era mi preferida, y aprovechaba esa condición.
Onofra me vio llorar, reír, putear, me vio irme y me esperó al llegar, aunque eso sucediera cada tanto, cada mucho más que lo que ella y yo deseábamos.

16 de mayo de 2009

La Mujer Con Cabeza va a clase

Desde que era chiquita que escribo por instinto. Es usual que mi mamá cuente orgullosa que aprendí a leer y escribir perfectamente a los cinco años. No tengo idea de si ese es un valor agregado para mi persona. Yo nunca le di una importancia mayor.

Seguí escribiendo a lo largo de los años. Como dato de color, puedo aportar que a los quince años gané un concurso literario en el que competían cuatro colegios de la ciudad, con un poema que a esta altura me parece bastante horrendo (pero que si insisten, es seguro que lo postee), que estaba dirigido a ese chico con boina que nunca me quiso, ya antes citado en este blog. ¡Y aún no puedo creer que se lo dediqué a pesar de que nunca me besó!

Pienso que el hecho de que hoy sea actriz, y además, estudie para ser reportera , tiene que ver con las sendas que van de la mano de las letras.

Este año decidí enmarcar todo ese caudal de compulsión por poner en palabras la existencia misma. Y tengo una profe, claro está.

Ella es la que tiene las claves, todas las claves. Su mirada es atenta, su sonrisa es contagiosa, su saber es infinito, y, lejos de mezquinarlo, lo comparte, lo transmite, lo encauza. Es clara, aguda, y meticulosa para hallar el camino indicado para que yo encuentre lo que quiero expresar.

Y, lo mejor de todo, es una gran amiga...


Los textos que están a continuación, "Las palabras intrusas" y "La amiga de la moda", son fruto de experiencias de clase, y, espero, germen de futuras historias. No he cambiado ni un solo punto. Están tal cual nacieron en el taller. Pueden visitar los sitios de mi grandiosa seño (¡que además dibuja!):
(dedicado a Lú, a quien le estoy profundamente agradecida)

La amiga de la moda

Lana Lobell pensó en ella. "En mí", dijo, y le sonó a una nota musical. ¿Y si ella era como una nota musical? La nota dura un instante, pero luego puede repetirse y repetirse en una melodía.

A Lana la llaman "la amiga de la moda". Comenzó de joven, vendiendo unos vestidos coreanos. En realidad no eran coreanos, los fabricaba en su casa pequeña de modesta costurera, en las afueras de La Plata. Aún así, le fue muy bien. Con unos ahorros pudo abrir su empresa, chiquita al principio.

Pero el tiempo voló para Lana, y fue su mejor aliado. Ella fue la que impuso la frase: "Se puede tener una gran historia de amor con una chaqueta", y de ahí en más, todos fueron éxitos. Todos, menos uno, que al día de hoy la persigue. Aunque parezca una tontería.

Al inaugurar su gran compañía "Lana Lobell Inc.", tal como hoy se conoce, la mujer descubrió el error: el cartel de la fachada de la empresa rezaba"Lana Lobbel Inc.". Un desacierto que hasta hoy la acompaña. Al ser supersticiosa, nunca quiso cambiarlo. De modo que mandó a cambiar todas las etiquetas de las prendas por ella fabricadas para nombrarlas con la nueva denominación.

"Todo se puede tapar con una etiqueta", reflexiona hoy, veinte años después, sentada en la gran alfombra que decora su oficina. En lo que no quiere pensar es en aquellas cosas que no puede tapar con una etiqueta.

Como el amor. Ella pensaba que eso iba a llegar, así como llegaron los éxitos, los logros que tanto había soñado.

Lo había pensado como una operación matemática. Porque uno piensa que después del nueve viene el diez, pero a veces no es así, a veces después del tres, no viene el cuatro tampoco.

Lana se consuela, como tapando con una etiqueta: "No quiero el orden pre establecido de las cosas", se miente. Y suspira.

Las palabras intrusas

Todos los días voy a trabajar. Siempre entro a las doce del mediodía, pero no siempre me tomo el subte a la misma hora. Eso sí, la prenda íntima nunca olvido de ponérmela. Sería un horror salir sin corpiño. Un mediodía, cual cazador oculto, me mezclé entre la gente que iba abarrotada contra las puertas, buscando el cartel del vagón que dice "No incinerar". No lo hallé, sin embargo. Me habré confundido con el cartel de los colectivos. ¿O ése es "No salivar"? Dios nos guarde de perder la memoria de esta manera. Decía que me mezclé entre la gente. Luego de no haber hallado el cartel que buscaba, me quedé parada en esa especie de anestesia que es viajar en subte en hora pico. Viajar en hora pico es como un grandes éxitos, como ese hit que siempre escuchás.

12 de mayo de 2009

El padrinazgo

Así sin más. Un día llega. Ese día, una mujer se levanta con migraña, cansada. El corazón viene arrastrando penas que no le pertenecen. Y hay un click, una bajada inevitable.

Ese día, una mujer decide que ya no más.

Ese día es hoy. Yo vi a esa mujer.

Tarareó una canción que la sobresaltó horas atrás, entre sueños. La cantó: "Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera"

Y en honor a la estación del año en que todo florece, en que una empieza a sonreír con los primeros calorcitos que abrigan la esperanza, se arrojó a plasmar los deseos reprimidos.

El día llegó a su fin. Esa mujer sonríe. Viene la noche. Nubosidad variable con probabilidades de chaparrones aislados.

9 de mayo de 2009

Lapsus

A veces me pasa que me desconcierto... Que quedo paralizada. Escribir se me hace una tarea difícil porque... ¿Qué decir? Contar la vida cotidiana es en general un plomo, salvo que en la calle se haya escuchado alguna conversación gloriosa, o se haya encontrado a la vuelta de la esquina la clave para sobrevivir al sopor del día a día. Es ahí que me quedo muda. ¡Cuántas veces en esta semana abrí el blog! Los dedos en el teclado totalmente predispuestos, a sus marcas, listos... ¡Pam! Parálisis. Entonces, hoy vuelvo a la carga. Aún no sabiendo bien qué decir, ni de qué hablar. Simplemente me pongo a pensar en que todo anda tan lindo por acá, por mi vida, y me pregunto si no será por eso que no escribo, que no me salen las palabras.

Hace muchos años, un profesor explicó algo que me quedó flotando en un rincón, y cada tanto lo recuerdo. Hablaba de que un músico practica durante muchos días, semanas, meses con su instrumento. Seis, siete, ocho horas al día. Pongamos, por caso, un violinista. Ahí está él, practicando. Todos los días intenta sacar esa nota, ese acorde. Hasta que un día lo logra. Le sale. Y ese día, nuestro músico no piensa: "Sí, que mágico, hoy me salió". No. Sabe que todo ha sido fruto de su esfuerzo, de su tezón para llevar a cabo su objetivo.

La vida es eso. No es que hoy esté más resuelta, mas despejada, que tenga tanta claridad porque sí. He practicado, y sé que mucho. Años y años he invertido llevada por mi deseo de mejorar, de querer ser feliz.

Lo bueno es que en el camino he ido encontrando cosas que no esperaba y he descartado muchas que creía que formaban parte de la verdad. Aprendí que puedo (y debo) pedir ayuda si me desbordo. Que no soy genia y que tampoco tengo porque serlo. Que me basta con lo que hoy soy, porque eso muta todo el tiempo. Sumo algunas virtudes de tanto en tanto, resuelvo los defectos que puedo, y los que no, quedan acá, convivo con ellos.

No, no estoy leyendo autoayuda, de hecho la detesto. No me copa Osho, me parece una porquería. Tampoco se trata de Dios y religiones, soy agnóstica. Sigo defenestrando el new age, los caminos espirituales y demás inventos de esta era.

Simplemente, atravieso un rapto de claridad, el aire circula. Conecto.

Lo obvio es que enseguida aparece el miedo de que mañana no crea en esto, y mi ciclotimia quede tan expuesta... Pero eso no quiere decir que hoy estas palabras no sean verdad, ¿no?

Ahhhhhhhhh. Al pensar en publicarlo, ya me asaltan todas las dudas. Mejor lo hago rapidito.

2 de mayo de 2009

Ocio

Café, mate, té, melba, otra melba, un vasito de fanta.

Youtube, película, msn, youtube, otra película.

El puf me envuelve.

Quisiera tener la energía que necesito para realizar esas cosas que ayer enumeré en la agenda.

No.

Me acabo de servir otro cafecito.

El ocio se apoderó de mi. Ocio de sábado por la noche.

29 de abril de 2009

Bien

Me voy a cualquier lado que sea lejos...

Pienso en creatividades varias que lo único que hacen es ocultar una personalidad cínica, perturbada. Una mezquindad irreparable.

Pareciera como que estoy enojada, pero no. Ni un poco.

A veces estar híperconectada con la virtualidad y la realidad tiene muchos beneficios. Siempre aparece alguien que me cambia el día, con una sonrisa, una palabra oportuna, un chiste genial.

Pareciera que estoy dolida. Aclaro que tampoco.

Tengo los cinco sentidos abiertos, puestos a disposición de vivir. Nada me atraviesa, soy consciente de que todo sucede por algo. Yo elegí hace rato, y es evidente que me fue bien.

Escucho música cursi, canto a los gritos por la calle, me río de todo, y le sonrío a quién así lo desee.

"A veces no entiendooo porqueeeee tiene un corazón taaaaantoooo dolor. Yo estoy bien, yo estoy bien"

28 de abril de 2009

Máxima V

Las charlas en el ascensor con aquellos vecinos que uno nunca ve, o se cruza cada dos por cuatro, son definitivamente insoslayables. Ya nada funciona. Ni hablar del clima, ni de la gripe porcina, ni del reciente aumento de expensas.

Y si se trata de ese vecino tan lindo con pantalones chupines y guitarra a la espalda, peor aún... El vacío es insostenible.

Mejor hacerse la zonza, quedarse atrás y esperar a que suba tranquilo, mientras se simula estar buscando algo en la cartera, o escribiendo un mensaje de texto.

27 de abril de 2009

Tercer tiempo

Hace calor. Se detiene en un puesto de revistas. No mira nada porque se distrae con el olor. Es un olor conocido. El aire huele a otro tiempo. Huele a unos meses atrás. Es raro, pero es así. Así que se queda ahí, quieta, solamente conectando con esa sensación. En su mente se instala la palabra "decisión". Tararea un tema de Mimí Maura y se va alejando, del olor, y del recuerdo.

23 de abril de 2009

Paraguas

Todo lo que leo me provoca tristeza. Mi cara es la misma, está ahí inmóvil, el viento la aja. Camino sabiendo adónde voy pero me gusta imaginarme que el que me ve de afuera me ve errante.
“No se es vencido, ni aún vencido”, me lo repito, en eso creo que se me escapa en voz alta. Alguien dice algo de Almafuerte y yo sólo retengo lo último: “fuerte”. Así es como tengo que ser, así es como me enseñó mamá, así es como llegué hasta acá. Desconectar del resto del mundo, pero que no se note, “esto también pasará” y así se viene la decimoquinta.
Es como una habitación, pero al aire libre, con la torre enfrente que me muestra que el tiempo corre, y , piba, todavía no arrancaste, te vas quedando atrás. Entornar los ojos, la lapicera a mil, ni yo sé que voy escribiendo.
Se nubló de golpe, se vino la noche, y yo con paraguas pensando que iba a llover. La lluvia no es lo mismo que la oscuridad, nena, a la oscuridad no la frenás con un paraguas.
¡Qué estúpida! ¿A quien se le ocurre ir vestida de novia a una fiesta de disfraces?

20 de abril de 2009

Pocholo, pochoclo

Un poco que empezó con el amor. Bah, con eso que yo creía amor. En realidad pura pavada. Lo mejor vendría después, la vida propuso algo mejor.


Ya por aquellos días él tenía esa sonrisa que irradia sol, que cura bajones. Era (es) altísimo, y tenía rulos de Principito.

Yo era rebelde, artista precoz, desfachatada, medio hippie, medio alterna. Una boluda, sin más.


Nuestro romance pasó sin pena ni gloria , apenas sirvió para unos poemas pseudo suicidas y unas cartas postales que aún conservo con la vergüenza ajena que me produce mi adolescencia.


Luego, ya no nos vimos. Elegir significó que cada uno comenzara su búsqueda y el híbrido entre amor y amistad que nos unía no era tan fuerte como para extrañarnos. Nos perdimos el rastro, nos perdimos en cosas que parecían importantes, como diseñar un camino que después nos resultó imposible a ambos. Creo que al salirnos de ese camino, empezamos realmente a caminar. Pero eso es empezar a contar otra historia.


Tres años después, un mediodía de mucho sol, el día que comenzaba la primavera, nos reencontramos en la puerta de mi vida porteña. El itinerario incluyó una tarta en mi hogar, un paseo en el Parque, con helado incluído , y una promesa de volvernos a ver pronto.



Tal cual.


Lo que sigue es la síntesis de la amistad más noble que se pueda tener. Él me salvó de todo. Él estuvo ahí siempre. Los años de posguerra fueron muy duros, pero a fuerza de películas y visitas a tenedores libres, salimos adelante.


Durante un año entero, vivimos bajo el mismo cielo porteño. La paz había llegado para quedarse, y nos dedicamos a disfrutar. No puedo elegir uno entre tantos recuerdos, pero él sabe que aún le debo una frazada.


Ahora no está. Una vez más, elegir significó separarnos, pero no de alma ni de corazón.


Feliz cumple, Pocho. Hoy, 20 de abril, es el día de mi amigo Fabricio.

19 de abril de 2009

Entre sueños...

Nueva York está más cerca de lo que pensaba. Es domingo ¿y justo tiene que llover a chorros? Una avenida completamente inundada. Un barrio pobre. Un departamento chico, lleno de cosas, dos habitaciones, dos cuchetas en cada habitación. Hay mucha gente. Yo estoy empapada. Te pido que me prestes un par de medias, y que te vas a tomar después me decís y tu cara lo expresa todo. Un poco que no querés que me vaya, pero el tren que va a Constitución sale en un ratito, así que mejor me voy, te hablo segura para no caer en la tentación de quedarme para siempre. Salgo y paso entre rascacielos. Me acompañás a la estación, pero tu amigo también viene. Así que nos despedimos y después ya no hay nada.

18 de abril de 2009

La figurita difícil

Cuando era chica una de las cosas que más me gustaba hacer era coleccionar e intercambiar figuritas, para luego pegarlas en el álbum correspondiente. Claro que con esto no pretendo ser original para nada. Cualquier persona de mi generación lo hizo en su infancia. (Me pregunto si sigue existiendo la actividad entre los pequeños saltamontes de esta era).

Las figuritas eran de infinitos temas. Las de Frutillitas eran geniales, ¡como me copaban! Me acuerdo de que la campaña se llamaba "raspá y olé". Raspabas con la uña sobre la figurita, acercabas tu nariz y olías un aroma de frutilla, bastante artificial, obvio. Lo más gracioso es que se corrió un rumor que ahora a la distancia se me pone difuso: no sé si lo pasaron en la tele o fue más bien un mito urbano, que sostenía que en realidad las figuritas tenían merca, entonces cuando las olías, en realidad estabas dándote un saque. Seguramente no lo decían con esas palabras tampoco, usaban términos como "cocaína", “droga”.

Me divertía mucho ir a la escuela con el “toco de figus” para poder cambiar con mis compañeras. Esto consistía en hacer un intercambio en el cual ellas me daban alguna que tuvieran repetida y que yo no tuviera, y lo mismo hacía yo con ellas.

Eso sí: siempre había una figurita difícil. Luego de muchos años uno se da cuenta de que ahí entraban las reglas del negocio. Como al completar el álbum, uno se ganaba un premio, de una figurita hacían pocas para que sólo algunos lograran el objetivo.

Yo me cansaba rápido, muy rápido de la figurita difícil. Esa inversión de plata, de tiempo de búsqueda, de insistencia, de persistir hacia la meta me agotaba. Ningún álbum me parecía tan importante, tan relevante como para que yo dejara mi vida en completarlo. No me quería frustrar por tan poca cosa, quizás una pequeña sabiduría de infante ante todas las frustraciones que vinieron después.

No me gustan las figuritas difíciles. No me gustaron en ese momento, menos ahora. Acá no hay reglas de negocio. Y yo me considero una persona resuelta.

Por favor, ahora que salís, cerrá la puerta. Gracias.

Costumbre

Yo me sueno las rodillas. No sé hace cuanto tiempo ya. Años, eso seguro, pero no podría decir si hace dos o hace ocho. Me sueno las rodillas porque llega un momento en que voy caminando y siento como si hubiera algo suelto ahí. Entonces me freno y hago un movimiento que generalmente llama la atención (a mí no, claro está). Con la pierna quieta, meto la rodilla como para adentro, como si me pusiera chueca.

Eso. Nada más. Lo que pasa es que ayer lo hice, algunas personas me miraron, y me di cuenta de que no era algo común.

¿Seré la única que lo hace?

Olores

Ayer caminé desde Corrientes y Florida hasta Corrientes y Ayacucho. Me di cuenta de que viajo mucho en subte, y la esencia de la ciudad no la veo nunca. Las marquesinas de los teatros, los carteles pegados en las paredes, la gente apurada, las veredas rotas, la gente enojada, los andamios cada dos cuadras, la gente abstraída (feliz no vi a ninguno). Vi, escuché, me aturdí, pero sobretodo, olí. Es increíble la cantidad y diversidad de olores que percibí en ese trayecto. Muchos aromas de perfumes, muchos. Quiero que quede claro que fue más de lo que cualquiera pueda imaginar. Perfume floral, frutal, cítrico, fuerte, de vieja, colonia de abuela, perfume de hombre (estos no los sé distinguir, sólo los divido entre los que me gustan y lo que no me gustan), desodorantes de ambiente. Sí, y todo al aire libre. Tuve la sensación de que Buenos Aires en realidad es una enormísima habitación, tan enorme que no vemos sus paredes.

17 de abril de 2009

Máxima IV

No importa lo que esté sucediendo, de que ánimo te encuentres, el cansancio que tengas. Un vivo de Luis Miguel te levanta a full. Sobretodo en temas como "Suave", cuando lo escuchás al loco gritando "¿Cómo sigue?¿Recuerdan esta canción?"

Y ahí nomás suena... "♪♪Cómo explicar la magia que tiene su manera de enamorar...♪♪♪"

15 de abril de 2009

Chau

Ya no quiero pensar como me visto, como hablo, que digo, como me pinto, adonde voy, como miro…
Ya no quiero ser ocurrente, hacer un comentario a la medida de la circunstancia, montar la puesta para ser esa chica como pocas que siempre quiero ser.
Ya no quiero pasar una semana sin ponerme a escribir porque todo es inmundo, y esa mierda de la inspiración, y el cansancio y cuánta cosa...

Me harté. A pesar de su complejo de burgués, mi corazón también está limpio. Limpio de especulaciones, porque él sólo fluye con el día a día.

Ya no quiero ser el amor de la vida de alguien, vestirme de fiesta para ir de rumba, regalarle mi mejor sonrisa para que él sólo me de a cambio una mirada indiferente (y soberbia, ni hablar).
Ya no quiero verlos partir, ni verlos llegar.

Miro el mundo desde mi autismo, estoy ausente de todas esas cosas que quería lograr. El amor no debe ser un reto constante. A mí los desafíos me encantan, pero ya estuvo bueno, ¿no?

Ya no quiero creer que hay un hombre mejor, y que el problema es el tiempo, la distancia, los paros de subte, la crisis económica.
Ya no quiero sacarme fotos para colgar en el tender, no quiero caminar por los recorridos de siempre.
Ya no quiero pensar que lo que vos hacés siempre es mejor.
Ya no quiero estar arrepentida porque el tren ya partió de la estación, y a pesar de que estaba en el andén, fui una tarada que prefirió quedarse.


Me muerdo el labio, y poco importa si me lastimo. Me paro, y me voy dándole la espalda al plan magnífico que tenía, ese que no podía fallar. Me alejo llorando, y sé que me ven, y ahí siento vergüenza, pero ya fue, de todos modos no los volveré a ver. Uno se cruza todo el tiempo con gente llorando por la calle, y al rato ya ni se acuerda.

Ya no quiero quedarme, y repito que cuando me voy, no vuelvo más.

Ya no quiero. Ya no te quiero. Ya no los quiero.

Me morí.

11 de abril de 2009

cuando yo lloro siento que llueven párpados abiertos y cerrados de un cielo negro con nubarrones grises con aires calientes con cuchillos de punta.

cuando sonrío... cuando sonrío siento que canto con voz ronca.

cuando estoy triste intento jugar al yo- yo porque sé que no me sale.

cuando me obsesiono sueño todo en el contexto de una película yanqui.

cuando extraño me quedo muda y me late el ojo izquierdo, mucho.

cuando me voy intento no regresar nunca más.

cuando llego, llego para quedarme.

7 de abril de 2009

Ese señor Liniers

Ayer andaba deseándole cosas malas a una persona que no viene al caso. Pensaba, pensaba todo lo malo que le deseaba pero al final no se me ocurría qué, porque tan mala no soy, y termino por perdonar todo casi siempre (el casi es para que no me tomen por zonza).

Cuestión que después en un lugar al que fui me topé con Macanudo 6, un libro de este señor maravilloso que es Liniers. Así estaba, devorándome el libro de a poquito, cuando me topé con una tira que se llamaba "El Insultador" y que decía estas cosas (que le sigo deseando a esta persona no grata):

"¡Que tus dientes se muevan en direcciones oblicuas!
¡Que todas tus comidas tengan olor a fotocopia!
¡Que creas todo lo que dicen en televisión!
¡Que todas tus esperas te agarren impaciente!
¡Que te enamores de alguien diferente cada diez minutos!
¡Y que tus llaves nunca estén en el primer lugar que busques!
¡Paparulo!"

Genio. Liniers, genio.

Yo no sé si esta persona lee mi blog, pero adentro mío le deseo todo esto...

6 de abril de 2009

Negro



I know someday you'll have a beautiful life,
I know you'll be a star
In somebody else's sky,
but why, why, why
Can't it be, can't it be mine

4 de abril de 2009

Bis

Suena una canción de esas que te recuerdan a un ex, y me pregunto si es así, si después de la mierda queda eso tan genuino que alguna vez sentimos. Digo sentimos porque en aquella temporada de romance tormentoso yo sentía que la de la tormenta era sólo yo, hasta que mucho después de la decepción y la distancia un día sonó el teléfono y era él que decía: “Sos una mujer increíble”. Encuentro, desencuentro, nunca volví a verlo, y eso que teníamos unas ganas…

Entonces me sumerjo a través de ese mundo tuyo que a diario visito sin decirte, sin que te enteres, y me doy cuenta de que todos esperábamos algo, alguito de eso que vos no das (por lo menos a mí no me lo dabas), porque es como si la boa que dibuja Exupéry te enredara la cabeza. Pensaste que yo te estaba pidiendo amor, y yo no te pedía eso, ni la luna, ni una estrella, porque con eso no hacía nada (además eso ya lo tuve). Ya no te pido, me callo, me corro, me fui.

Yo te pedía magia, de esa que yo estaba segura que tenías, yo te pedía que me tomaras fuerte, pero que también nos pudiéramos reír del resto del mundo, de las formalidades, y bebernos una cervecita en la vereda, mientras me contabas esas anécdotas que me hacían llorar de risa. Yo te pedía que fuéramos amigos, pero a esta altura sé que no me vas a creer. Y al cabo de un rato yo tampoco me creo… La paranoia me toma por sorpresa una tarde de lluvia, mientras recuerdo tu mezquindad al hablarme, o el modo en que siempre te las arreglabas para hablar de vos.

Voy tras otra cosa, porque no me quiero quedar quieta. Porque soy como el perro que se corre la cola, no estoy pudiendo encontrar la manera de explicarte que yo valoraba eso que sos, eso que se llama personalidad.

A esta altura eras… porque ya no sos, porque cuando uno deja de querer al otro, el otro desaparece, se desintegra, aunque el nubarrón cada tanto…

Al final termino desencantada, no me interesa ya esforzarme, es verdad que la indiferencia mata. Comienzo a alegrarme de tus penas… Y ya sabemos cómo son estos finales…

Intuyo que un día sonará el teléfono y escucharé: “Sos una mujer increíble”.

Mejor hombre (no puede encontrarlo)

She lies and says she's in love with him
Can't find a better man
She dreams in color, she dreams in red
Can't find a better man, can't find a better man